La evangelización no tiene tiempo específico, sino que, es una actividad que la Iglesia realiza en todo momento. Pues la Iglesia existe para evangelizar y la evangelización es su identidad y razón de ser. Para ello, el tiempo de Adviento es para anunciar a Jesucristo. Es muy importante notar que, el Adviento es un tiempo de cuatro semanas que prepara a los fieles hacia la celebración del nacimiento espiritual de Jesucristo. Aunque el Adviento sea un tiempo que nos conduce a la celebración de la Navidad, es tiempo también para la evangelización por las siguientes razones:Tiempo de espera al nacimiento del Salvador: El Adviento nos recuerda la espera histórica que el pueblo judío hizo al esperar la llegada del Mesías. Históricamente el Mesías nació en Belén. Ahora el pueblo cristiano espera el nacimiento de Jesucristo en los corazones, en las familias y en la realidad que le rodea. Por eso el Adviento es un tiempo para la evangelización, un tiempo para el anuncio de Jesucristo quien llega siempre a la puerta del corazon de cada creyente, de cada familia, de cada pueblo, de cada nación. Llega Cristo para reconciliar a los que nunca se han reconciliado, llega Cristo para unir a los divididos, llega Cristo para transformar a los pecadores en hijos de gracia de Dios, etc. Por eso, es el adviento es un tiempo propicio para la evangelización para que cada persona lo pueda recibir gozosamente en su vida personal y familiar.
Tiempo de conversión: El adviento es un tiempo propicio para la conversión. El cristiano siempre está invitado a la conversión, sobre todo, en este tiempo de adviento. De hecho, el Evangelio de segundo domingo de adviento lleva el mensaje de conversión: “Conviértanse, porque está cerca el reino de los cielos. (…) Éste es el que anunció el profeta Isaías, diciendo: Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos” (Mt 3, 1-12). La conversión es la transformación de la persona desde dentro, es decir, el cambio del ser, el cambio de actitudes y el cambio de mentalidades. La conversión tiene que ver con dejar el camino pecaminoso con el fin de que Jesucristo sea el centro de uno y obre en él. En este tiempo de adviento, la Palabra de Dios nos recuerda lo valioso de la conversión. Pues la conversión siempre nos hace creaturas nuevas e hijos predilectos del Señor.
Tiempo de salida misionera: El Adviento es el tiempo propicio para la salida misionera. La Iglesia existe para anunciar a Jesucristo. Así que la salida misionera es un elemento intrínseco del ser de la Iglesia. Jesucristo es el ejemplo de salida misionera, pues Él es el primer evangelizador (EN, no. 7). De Él siempre aprende la Iglesia a evangelizar y encarnar el evangelio a diferentes contextos de la humanidad. La salida misionera tiene como fin llegar a las personas, a los pueblos, a las familias para anunciarles la Buena nueva del Salvador del mundo. En este tiempo de adviento, la salida misionera tiene como fin recordar a los fieles la importancia de la natividad de Jesucristo en sus vidas. En una sociedad obsesionada por el consumismo, para algunos, la navidad significa solo salir a comprar, pasear, gastar. La celebración de la navidad cuyo centro es el nacimiento de Jesucristo es algo incomprensible para muchas personas, inclusive entre algunos bautizados. Para ello, este tiempo de Adviento es muy importante para salir a evangelizar.
Tiempo para promover la paz, el perdón y la reconciliación: El mundo está atravesado por dificultades en materia de paz, perdón y reconciliación. No hay paz en varios lugares del mundo, y varias personas viven con secuelas de guerras, violencias, odios y rencores. Esa realidad ha causado mucho derramamiento de sangre en varios lugares del mundo. El mundo necesita la paz. Varias personas necesitan reconciliarse con otros para vivir mejor. Incontables fieles necesitan ser ayudados a perdonar. El tiempo de adviento lleva siempre el mensaje de paz. Pues Jesucristo al que el mundo espera, es un Mensajero de paz. El adviento es un tiempo que invita a la gente a reconciliarse, a perdonarse y a vivir en paz. La paz, el perdón y la reconciliación son manifestaciones de la presencia de Dios. No habrá la mejor Navidad como la que se celebra en ambiente de paz.
Tiempo para recordar a la gente que la Navidad es el nacimiento de Jesucristo en los corazones humanos, no tiempo para el reino del consumismo: Para algunas personas, al hablar de la navidad, se alude únicamente al consumismo, al paseo a los lugares turísticos, a la quema de castillos y pólvoras, entre otros. Varias personas no ponen mucha atención a la navidad como nacimiento espiritual de Cristo en la propia vida y familia. La Navidad se entiende más como una ocasión para gastar, consumir, alumbrar las casas, cuadras y ciudades. En este sentido, la navidad es un momento donde se desarrollan varias actividades sociales con fines lucrativos y entretenimiento. Sin embargo, la tarea evangelizadora de la Iglesia está para corregir esta mentalidad que muchas personas tienen. La navidad principalmente es una celebración que nos invita a dejar que nazca Cristo el Salvador en nuestra vida personal, familiar, comunitaria, empresarial, etc. Si bien son importantes los elementos exteriores que ponen de relieve el tiempo de navidad, no hay que perder de vista de que, el centro de navidad es Cristo quien nace siempre en la vida de las personas para transformarlas y para que en Él tengan vida en abundancia (Jn 10:10).
CONCLUSIÓN
La evangelización es la tarea que realiza siempre la Iglesia. En cada ciclo litúrgico de la Iglesia, el centro es Cristo. En cada ciclo litúrgico bien sea Adviento, Cuaresma, y tiempo Ordinario, la Iglesia anuncia a Cristo el Salvador, para que entre la gente sea conocido, amado y santificado.
Por el amor de Dios fuimos salvados. Dios por su infinito amor nos mandó a su Hijo, quien vivió entre nosotros para salvarnos. Por lo tanto, la salvación del ser humano traída por Jesucristo, nació por la iniciativa amorosa y misericordiosa de Dios.
![]() | Ssimbwa Lawrence es presbítero misionero de la Consolata; actualmente trabaja en Colombia. |
martes, 13 de diciembre de 2022
Adviento, tiempo para evangelizar.
miércoles, 7 de septiembre de 2022
Practicas cotidianas que construyen la paz.
Aceptar a Jesucristo como Salvador: Aceptar a Jesús significa ponerle en el centro de nuestra vida, significa que Él es el camino, la verdad y la vida de uno, significa ser cristiano y aprender siempre de Él: “si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo” (Rm 10:9). Aceptar a Jesús como Salvador implica decir sí a todo lo que Él dice. Implica la negación del camino pecaminoso de uno, implica la negación de los intereses personales e implica sacrificarse para encontrar la vida eterna que Cristo regala a los que creen en Él. Quien vive auténticamente la vida cristiana es siempre una persona de paz y contribuye enormemente al bienestar de los demás.
Cultivar
la vida espiritual: La vida espiritual
es la vida según el Espíritu, la existencia humana conducida por el Espíritu
Santo dado a los creyentes. La vida espiritual es la vida cristiana en el
sentido profundo de la vida en Cristo, es decir, en comunión con Cristo y según
su palabra. La vida espiritual es la convicción de que los cristianos como
hijos de Dios son guiados por el Espíritu Santo y viven según el Espíritu (Rom
8,14; Gál 5,25). La vida espiritual es vivir siempre en el camino de Dios y
abandonarse completamente a Él. La vida espiritual conduce a uno a la
conversión, ayuda a la persona a dejar el hombre viejo (Ef 4:22) y le conduce a
vivir una vida nueva en el Espíritu. La vida espiritual ayuda a la persona a
interpretar la realidad vivida con ojos de la fe. Ese camino espiritual
contribuye enormemente a la construcción de paz, perdón y reconciliación.
Reconocimiento
de propios errores y pedir perdón: La equivocación hace parte de la vida humana. Por eso al equivocarse es
importante pedir perdón. Es muy fundamental reconocer los propios errores ante
la persona que le haya ofendido. Reconocer los propios errores y disculpase de
ellos contribuye bastante a la paz ante los ofendidos, pues pedir perdón es una
muestra de humildad. Pedir perdón y reconocer los propios errores aumenta la
credibilidad y la confianza en la persona. Reconocer los propios errores y pedir
perdón, significa tener la disposición de entablar nuevas relaciones, significa
vivir pacíficamente con los demás y vivir una vida libre de rencores y
resentimientos.
Solucionar
los conflictos amigablemente: Es
imposible que no haya conflictos en la vida de cada persona. Es imposible que
no haya desacuerdos con las personas con las cuales uno vive, trabaja o se
relaciona. A veces los conflictos son provocados por nuestra manera de ser, malentendidos,
nuestra manera de ver el mundo y las formas de interpretar las cosas. Cualquier
situación que provoca los conflictos, hay que solucionarla amigablemente. Solucionar
los conflictos amigablemente es la manera evangélica de arreglar los problemas.
Evitar los
chismes y el lenguaje provocativo contra
las personas: Muchos conflictos al
interior de las familias, barrios, trabajos, y grupos de amigos, en gran parte,
están causados por los chismes de los unos contra los otros. Los chismes provocan
desconfianza, odios y resentimientos de unos contra otros. El Papa Francisco en
incontables ocasiones ha dado la catequesis acerca del peligro de los chismes. Dice
al respecto: “el diablo es el mayor chismoso. Siempre está diciendo cosas malas
de los demás. Es el mentiroso que intenta dividir a la Iglesia. (…) por favor
hermanos y hermanas, tratemos de no chismosear. (…) el chisme es una peste más
fea que el Covid. Peor. Hagamos un esfuerzo. Nada de habladurías. Nada” (Papa
Francisco, 06 de septiembre de 2020). Así que, evitar los chismes significa
evitar las tensiones y provocaciones que puedan dañar la paz y la convivencia
pacífica con los demás.
Evitar las
venganzas: La venganza es la mayor
causa de violencia y asesinatos en el mundo entero. Es importante notar que la
venganza es una reprimenda que se ejerce sobre una persona o grupo de personas
por una acción que es percibida como mala o dañina. La persona que se siente
afectada decide vengarse, pensando que de esa manera repara el daño que le haya
causado. La venganza en muchas veces produce cadena de violencia y odios
interminables. Evitar las venganzas abre el camino de paz, perdón y
reconciliación.
Reconocer y respetar la diversidad: La
diversidad bien reconocida y respetada siempre contribuye a la paz y la convivencia
pacífica. El ser humano es muy diverso, igual que la sociedad en que vivimos.
Somos diversos en estratos sociales, diversos somos en creencias, somos
diversos desde el punto de vista étnico, somos diversos en capacidades, somos
diversos en genero, entre otros. Así que, la diversidad es una riqueza y algo
positivo, pues el respeto de ella implica reconocer y promover activamente el
valor igualitario de todas las personas
sin condescendencia. Por eso, el respeto a la diversidad como valor y
riqueza contribuye enormemente a la construcción de la paz en cualquier
sociedad.
El respeto de los derechos humanos: Los derechos humanos son normas que
reconocen y protegen la dignidad de todos los seres humanos. Estos derechos
rigen la manera en que los individuos viven en la sociedad y se relacionan
entre sí, al igual que sus relaciones con el Estado y las obligaciones del
Estado hacia ellos. Donde los derechos de las personas son respetados siempre
gozan de paz. Donde los derechos humanos son violados siempre hay tensiones, y se
suele tener guerras y violencias.
Promover la comprensión, la tolerancia y la solidaridad: La comprensión, tolerancia y solidaridad son elementos fundamentales que promueven la paz y la convivencia pacífica en cualquier sociedad. Ser comprensivo significa entender la realidad del otro, aceptar al otro como es, es decir con sus defectos y virtudes; ser tolerante es la capacidad de la persona de aceptar las opiniones, ideas, actitudes, formas de ser de otros, aunque no coincidan con las propias. Las personas tolerantes contribuyen bastante a la construcción de la paz. La solidaridad siempre es fruto de la madurez humana porque es el apoyo incondicional de uno a causas e intereses ajenos especialmente en situaciones difíciles. La persona solidaria alivia las tensiones de otros, causa alegría de otros y sus familias, y afianza la amistad sincera entre personas y comunidades. Así que, es importante cultivar como virtud propia la comprensión, la tolerancia y la solidaridad en el diario vivir de cada persona, pues son elementos imprescindibles para vivir en paz en la sociedad.
Conclusión
La paz es muy
fundamental en la sociedad. Sin ella no podemos ser felices ni desarrollarnos
integralmente como personas y como sociedad. Sin embargo, la tarea de construirla
le corresponde a cada persona a través de las prácticas cotidianas de nuestro
diario vivir.
miércoles, 24 de agosto de 2022
Elementos fundamentales para la salida misionera.
Amor a Jesús: El amor a Jesús es la primera condición para la salida misionera. El
evangelizador sale únicamente para anunciar que Jesucristo es el Salvador del
mundo. Sale para anunciar a Jesucristo especialmente a los que todavía no lo
conocen (misión ad gentes) o a los que se han alejado de
Él (Nueva Evangelización). Así que la salida misionera no tiene otro fin que anunciar
que Jesucristo es siempre la fuente de alegría y luz para el hombre y la mujer
de cada generación. Por eso, cada evangelizador debe ser un enamorado de
Jesucristo, porque es enviado por la Iglesia para anunciarlo a la gente en
cualquier lugar donde se encuentre. Sin embargo, es imposible anunciar a
Jesucristo sin tener el amor profundo a Él. Pues nadie da lo que no tiene. El amor
a Jesucristo es el elemento fundamental para la salida misionera con el fin de
que, Cristo sea conocido y amado por aquellos que, tal vez, no lo conocen o por
los que se ha alejado de la fe y de la Iglesia.
Aprender de los grandes
evangelizadores de la Iglesia: El arte de evangelizar se puede aprender de los grandes
evangelizadores que la iglesia ha tenido a lo largo de la historia. Ellos
bebieron de la escuela de Jesús, modelo por excelencia de la salida misionera.
De verdad son incontables los grandes evangelizadores que la Iglesia ha tenido,
sin embargo, se puede destacar el ejemplo de algunos. Los apóstoles son los
primeros ejemplos de la misión en salida. Ellos fueron los testigos oculares de
las salidas misioneras de Jesucristo a diferentes sitios. Lo acompañaban en
varias salidas misioneras que realizaba en varios lugares y dé Él aprendieron
la pedagogía de la misión en salida. Después de la Ascensión del Señor, los
apóstoles fueron dispersados en diferentes lugares donde evangelizaron y
formaron las Iglesias locales: Pedro en Roma, Santiago el menor en Jerusalén,
Andrés fue el fundador de la iglesia Bizancio, Pablo el gran misionero de los
gentiles y fundador de las comunidades cristianas en Corinto, Tesalónica, Roma,
Gálatas, Éfeso, entre otros. Todas esas iglesias se fundaron como fruto de la
misión en salida. A lo largo de la
historia, la iglesia ha tenido muchos evangelizadores como santos Cirilo y
Metodio, apóstoles de los eslavos, Mateo Ricci, san Francisco Javier, san Daniel
Comboni, Cardenal Charles Martial Lavigerie, santa Madre Laura Montoya, san
Juan Bosco, san Pedro Claver, beato José Allamano, entre otros. Además, se
puede aprender de muchas comunidades religiosas misioneras tales como los
misioneros de la Consolata, los misioneros combonianos, los misioneros de
Africa, los Jesuitas, los Salesianos, los Agustinianos, los Javerianos de
Palma, etc. Esos evangelizadores y las comunidades religiosas misioneras
mencionadas, son ejemplos de la misión en salida y varias iglesias locales se
establecieron como fruto de su obra evangelizadora.
Ser consciente de que cada
bautizado es misionero: El bautismo nos hace
misioneros de Jesucristo. La tarea misionera es inherente al ser de todos los
bautizados. Cada bautizado es misionero porque el mandato misionero de
Jesucristo está dirigido a todos (Mt 28, 19-20). El mandato misionero no está
restringido a un grupo de personas particulares, tampoco está referido únicamente
a la jerarquía de la Iglesia, sino a todos los discípulos de Jesucristo. Cada
bautizado es misionero, es decir, es enviado por el mismo Jesucristo para que
anuncie que Él es el Salvador del mundo, y así sea conocido, amado y
santificado. Cada hombre o mujer, joven o niño, puede anunciar perfectamente a
Jesucristo con sus dones y carismas que Dios le ha concedido.
Amor a la periferia: La periferia es el termino que se suele utilizar para referirse a los
lugares apartados, lugares fuera del centro bien sea ciudades o lugares
cómodos. En las periferias viven personas pobres, personas discriminadas, personas
estigmatizadas, personas rechazadas por algunos en la sociedad, etc. Las
condiciones en las periferias a veces son infrahumanas, etc. Las condiciones de
vida a veces son precarias y las personas que viven ahí carecen de todo:
oportunidades, vida digna, etc. Pocas personas quieren identificarse con las
periferias. A veces algunos evangelizadores se identifican con las periferias.
Para ello, el amor a las periferias es muy fundamental para la salida
misionera. Para cualquier misionero, la periferia debe convertirse en un lugar
privilegiado para el anuncio de Jesucristo quien dignifica a hombres y mujeres
de cada época, lugar y generación.
Opción preferencial por los
pobres: La salida misionera está muy
relacionada con la opción preferencial por los pobres. “Para la Iglesia, la
opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural,
sociológica, política o filosófica. Dios les otorga su primera misericordia.
Esta preferencia divina tiene consecuencia en la vida de fe de todos los
cristianos, llamados a tener los mismos sentimientos de Jesucristo (Flp 2,59)”
(EG, no. 198). Los pobres en muchas veces son olvidados y excluidos. Viven en
lugares donde pocos quieren ir por la falta de comodidades en sus espacios. Son
personas con las cuales algunos no quieren identificarse. Inclusive, algunos
evangelizadores les cuesta ir a los lugares de los pobres. Sin embargo, todos los
evangelizadores están llamados a tener una opción preferencial por los pobres,
pues ellos son la primacía del Reino de Dios. Ellos son los preferidos de
Jesucristo y son la razón de ser de la misión evangelizadora de la Iglesia.
Salir de esquemas
estigmatizantes y miedos: La salida
misionera exige renuncias, nos pide siempre dejar lo que se conoce y emprender
un largo camino como Abraham a la tierra de Canaán (cfr. Gn 12, 1-6). Asimismo,
exige salir de miedos y esquemas de estigmatización que a veces poseemos
especialmente hacia los pobres y ciertas poblaciones. A veces son esquemas que
hemos heredado de la sociedad donde vivimos o nacimos. El misionero que anuncia
a Jesucristo a las poblaciones estigmatizadas, seguramente tiene que despojarse
de esquemas estigmatizantes para poder anunciarles a Aquel que es autor de vida
y salvación del mundo.
Conclusión
La salida misionera es la tarea de cada evangelizador. Ella es indudablemente
inseparable del anuncio del Evangelio. Difícilmente puede crecer la fe sin la misión
en salida. Para que la salida misionera sea exitosa, hay que aprender de
Jesucristo, pues es el ejemplo por excelencia de la salida misionera. Hay que
aprender tambien de los grandes evangelizadores que la iglesia ha tenido a lo
largo del tiempo.
viernes, 22 de julio de 2022
Beato José Allamano y la espiritualidad de los misioneros de la Consolata.
La
misión Ad Gentes: La Misión ad gentes
es la característica fundamental de cada misionero de la Consolata. La misión ad gentes es el carisma de los
misioneros de la Consolata. De hecho, está bien claro en las Constituciones: “el
Instituto es una familia de consagrados para la misión ad gentes por toda la vida” (Constituciones, No. 4). Las
Constituciones del Instituto subrayan que “el fin que nos caracteriza en la
Iglesia es la evangelización de los pueblos…este fin debe impregnar nuestra
espiritualidad, guiar las opciones, cualificar la formación y las actividades apostólicas,
orientar totalmente la existencia” (Constituciones, No. 5). La misión ad gentes es la identidad de los misioneros
de la Consolata. Por la misión ad gentes,
los misioneros de la Consolata están evangelizando en Africa, América, Asia y
Europa, y siempre en los lugares donde pocos quieren estar. Asimismo, trabajan con
grupos étnicos, emigrantes, y las situaciones existenciales con las cuales
pocos quieren identificarse. La salida misionera es una característica de los
misioneros de la Consolata muy unida a la misión ad gentes. Por eso son
enviados fuera de su país, continente e Iglesia de origen con el fin de anunciar
a Cristo más allá de su propia frontera de origen.
La espiritualidad
eucarística: Según Lumen Gentium
11, la Eucaristía es "fuente y culmen de toda la
vida cristiana". Es importante
notar que, "los demás sacramentos, como también todos los ministerios
eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se
ordenan. La Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la
Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua" (Presbyterorum Ordinis
no. 5).
La vida
comunitaria-familiar: La vida
comunitaria es una característica de los misioneros y misioneras de la
Consolata. De hecho, el beato José Allamano lo decía claramente que el
Instituto es una familia, es decir, los misioneros de la Consolata es una
familia: “recuerden que el Instituto no es un colegio, tampoco un seminario,
sino una familia. Son todos hermanos; deben vivir juntos, preparase juntos,
para luego trabajar juntos durante toda la vida” (Así los quiero, p. 192). Las
Constituciones del Instituto estipulan que “en el Instituto, familia reunida en
el nombre del Señor, todos se sienten y se acogen como hermanos, se interesan
los unos por los otros, viven la misión en unidad de intentos, hacen propias
las alegrías, sufrimientos y esperanzas del Instituto, en cualquier parte donde
éste esté y trabaje” (Constituciones, no. 15). Por el espíritu de familia del
Instituto de la Consolata, los misioneros viven en comunidad, oran juntos, trabajan
juntos y planean juntos las actividades pastorales para la evangelización de
las comunidades. La vida comunitaria-familiar es la fuente de comunión fraterna
y una característica que idéntica a los misioneros de la Consolata. Es tambien el
aspecto central de la vida consagrada. La vida comunitaria es un valor primario
para los misioneros de la Consolata, pues ella conlleva que los misioneros
compartan los bienes espirituales, morales y temporales, igual participar en
compromisos y observar las mismas normas de la vida.
La espiritualidad
mariana: Los misioneros de la
Consolata son marianos por excelencia. Ante todo, el Instituto lleva el nombre
de la Virgen Consolata Madre de los misioneros y las misioneras de la
Consolata. Ella es la Patrona del Instituto, y por eso, “tenemos que estar
felices de tenerla como Protectora y estar santamente orgullosos de que nuestro
Instituto se llame La Consolata” (Así los quiero, pg 223). Para los misioneros
de la Consolata la Virgen María es modelo de consagración a Dios, de escucha y
oración. Para ello, los misioneros expresan su devoción en la celebración
fervorosa de las fiestas marianas, en el rezo del rosario y en las demás formas
de piedad mariana. Siempre a la Virgen Maria bajo la advocación de La Consolata
los misioneros confían su apostolado.
Conclusión
El beato José Allamano es el padre de los misioneros y las
misioneras de la Consolata. De él viene el carisma que los identifica en la
Iglesia, es decir, la evangelización de los pueblos. La espiritualidad que
identifica el ser y quehacer de los misioneros la definió el beato José Allamano.
Así que, es importante conocer al beato José Allamano para entender el ser de
los misioneros y las misioneras de la Consolata. Así que, el beato José
Allamano es el tronco de los misioneros y las misioneras de la Consolata.
viernes, 1 de julio de 2022
Elementos claves para la evangelización diaria.
1. PASIÓN
Y ENTUSIASMO POR JESÚS: “El
que permanece en mí y Yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no pueden
hacer nada” (Jn 15, 1-8). La
pasión por Jesús significa amarlo profundamente. Es un compromiso diario amarlo
y considerarlo el punto de referencia de la vida de parte de quien lo anuncia. El
evangelizador debe tener amor a Jesús, pasión y entusiasmo por Él. El amor, la
pasión y el entusiasmo siempre son contagiosos. Ninguno puede atraer a la gente
a Jesús si no está entusiasmado por Él. El entusiasmo crea interés y la pasión
engendra pasión. Nadie puede dar lo que no tiene. Así que el entusiasmo por la
evangelización empieza con la entusiasmo por Jesús. La pasión por Jesús
engendra la pasión por querer anunciarlo a los demás, crea la pasión por salir
más allá de las fronteras, crea las ganas de entregarse por la causa de
ensanchar el reino de Dios a los demás.
2. PASIÓN
POR LA GENTE: Un elemento importantísimo
para la evangelización es la pasión por la gente. La gente es el objetivo de la
evangelización, pues ésta es dirigida a la gente para que conozca a Jesús y sea
el centro de su vida. El anuncio de Jesucristo está dirigido a personas concretas
con características peculiares de un lugar determinado. El prototipo de amor
preferencial por la gente es Jesucristo. Por amor a la humanidad, se hizo
hombre para mostrarnos el rostro misericordioso de Dios. Por amor a la gente Jesús
alimentó a varios hambrientos, sanó a incontables enfermos, y los milagros que
hizo estaban a favor de la gente. El mensaje del reino que predicó Jesús se dirigía
a la gente invitándola a la conversión como condición para el reino de Dios.
Así que, la pasión por la gente es conditio
sine qua non para la evangelización diaria en la sociedad de hoy. Por amor
a que la gente conozca a Jesús, los evangelizadores callejean la fe, por amor a
la gente siempre la Iglesia construye escuelas, clínicas, comedores, etc., con
el fin de proporcionar la educación, salud y alimentos a las personas
necesitadas. La pasión por la gente es preocuparse de las dificultades que se
enfrentan día a día y buscar la manera de solucionarlas. En fin, el amor a la
gente es una condición imprescindible para la evangelización en cualquier
lugar.
3. PASIÓN
POR LA VIDA: “Yo he venido para que tengan vida, y para
que la tengan en abundancia” (Jn 10:10). Jesucristo es
el paradigma de la pasión por la vida porque la salvación del ser humano era el
objetivo de su misión. En su ministerio público, predicó el reino de Dios que
es el reino de la vida para quien se adhiere a él. En innumerables ocasiones
alimentó a miles de personas, curó las enfermedades de muchas personas, sacó los
demonios para aliviar el sufrimiento de muchos poseídos, le devolvió la vida a
los difuntos, salvó a la mujer, entres otros. Son manifestaciones de cómo el
Señor Jesús optó preferencialmente por la vida de las personas. Por eso, en la
evangelización debe haber la pasión por la vida. El evangelizador debe ser una
persona que se apasiona por la vida de la gente, la promueve y la defiende de
todo aquello que se presenta en contra de ella. La pasión por la vida significa
ser la voz de los que no tienen voz, se trata de defender los derechos de los
pobres y vulnerables de la sociedad, es trabajar por la justicia y reivindicar los
derechos en pro de la vida, es abogar por la preservación del medio ambiente. Asimismo,
la pasión por la vida es trabajar por la educación y el bienestar de los menos
favorecidos de la sociedad. Es decir, la pasión por la vida es trabajar por un
mundo mejor libre de hambre, analfabetismo, injusticia, violencia, etc. Así que,
la opción por la vida de las personas es una opción evangelizadora que los
evangelizadores debería realizar con frecuencia.
CONCLUSIÓN
La evangelización es un compromiso diario y permanente. Todo
el tiempo la Iglesia evangeliza. Todo el tiempo los evangelizadores a través de
sus dones y carismas anuncian a Jesucristo. A través de los planes pastorales
de toda índole, la Iglesia a través de sus pastorales evangeliza para que
Jesucristo sea conocido, amado y considerado el punto de referencia para las
personas, familias y la sociedad en general.











