Ssimbwa Lawrence es presbítero misionero de la Consolata; actualmente trabaja en Colombia.  


martes, 14 de abril de 2026

La Semana Santa en Buenaventura: Una ocasión de súplica por la paz.

La Semana Santa es el tiempo por medio del cual los cristianos conmemoran la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. En Buenaventura, la Semana Santa no fue sólo el cumplimiento de las celebraciones litúrgicas, sino que fue una ocasión para la súplica por la paz y la tranquilidad en el territorio. En este año, la violencia ha vuelto a desatarse más que el año pasado. A raíz de eso, varias familias han sufrido la pesadilla de desplazamiento y la desaparición de sus seres queridos. Por eso, la Semana Santa fue una ocasión de súplica al Señor por la paz debido a las siguientes razones:

La situación de violencia en Buenaventura: La violencia es el desafío más grande que se experimenta en Buenaventura tanto en la zona urbana como en la rural. Se ha hecho varios intentos de la búsqueda de la paz en Buenaventura. Aunque, se haya registrado varios resultados positivos en materia de paz y reconciliación, la violencia todavía sigue reinando en varios barrios y comunas de Buenaventura. Los grandes arquitectos de la violencia en Buenaventura son los grupos al margen de la ley como Shottas, Espartanos, Los Chiquillos, entre otros. Son grupos que se alimentan del microtráfico de drogas y extorsión de comerciantes. Sus actividades delictivas han causado mucho daño a la sociedad en general. Por eso, la Semana Santa fue una ocasión propicia para orar por la paz en Buenaventura y en todo el Pacifico colombiano por el flagelo de violencia que se experimenta fuertemente en varios barrios de la ciudad y comunidades de la zona rural.

La memoria de las víctimas de violencia y desaparecidos: Muchos son las víctimas que la violencia ha dejado en Buenaventura. La violencia ha causado mucho sufrimiento físico y espiritual a las personas y sus familias. Se calcula que no hay ninguna familia en Buenaventura que no tenga una víctima de violencia o no haya sufrido las consecuencias de este problema. El Viernes Santo fue un momento especial para recordar a las víctimas de violencia y a todos los desaparecidos. Son muchas las víctimas de violencia en Buenaventura y en este año se ha registrado el aumento de número de desaparecidos. Varias familias viven el trauma de no saber si están vivos o muertos sus seres queridos. Los familiares de algunos de los desaparecidos no saben dónde están enterrados. El Viernes Santo, sobre todo, durante el Viacrucis y la procesión con el Santo Sepulcro, fueron ocasiones importantes para recordar a las víctimas de violencia perpetuada por los grupos al margen de la ley. Con esperanza en la resurrección de Cristo, las familias encendieron las velas en memoria de todas las víctimas de violencia en Buenaventura.

La Suplica por la paz y reconciliación: El Resucitado es la fuente de esperanza en medio de incertidumbre y desolación, pues con su resurrección Cristo venció al pecado y la muerte. Por eso, los fieles aprovecharon la gracia de Semana Santa para la suplica por la paz y la reconciliación en Buenaventura. En todas las parroquias de la Diócesis, el clamor por la paz se hizo escuchar en las procesiones de Domingo de Ramos, el Viacrucis del Viernes Santo y varios momentos litúrgicos de la Semana Santa. La razón de esto es que la comunidad está viviendo en estado de incertidumbre y miedo, por la violencia que se ha desatado en varios barrios y calles de la ciudad. A través de los mensajes escritos en carteleras y pancartas, y los programas de radios y televisiones, los fieles suplicaron por el cese de violencia en Buenaventura y pidieron a los grupos que provocan la violencia en el territorio abrazar los caminos de paz y reconciliación.

Aporte de la Iglesia a la construcción de paz en Buenaventura

Históricamente, no se puede hablar de la lucha por la paz sin tener en cuenta del papel de la Iglesia en Buenaventura. La Iglesia católica ha jugado un papel importante por la pacificación de Buenaventura y sus pueblos aledaños. Vale la pena destacar el papel de algunos obispos que han pastoreado a la Diócesis de Buenaventura y su entrega por la causa de la paz en este territorio.

La contribución de los obispos a la paz de Buenaventura: Los obispos en Buenaventura han estado siempre al frente de lucha por la paz y reconciliación. Vale destacar el primer obispo, monseñor Gerardo Valencia Cano quien trabajó mucho por la evangelización y promoción humana en Buenaventura y sus pueblos aledaños. Promovió bastante la educación construyendo escuelas para la educación de la población. Fue obispo de Buenaventura de 1953 al 1972. Monseñor Héctor Epalza Quintero es el otro obispo que defendió mucho la dignidad de los habitantes de Buenaventura. Como profeta de la paz, denunció bastante las actividades de narcotráfico, el olvido del estado al pueblo de Buenaventura, la presencia de las casas de pique donde los grupos al margen de la ley picaban a la gente. Él mismo a través de la Doctrina Social de la Iglesia, promovió la defensa del territorio contra las políticas públicas que no respetaban la dignidad de la población. Por su aporte a la paz de Buenaventura es recordado como el obispo del pueblo. Monseñor Ruben Dario Jaramillo Montoya quien hace poco fue trasladado a la Diócesis de Monteria, emprendió el dialogo con los grupos Shottas y Espartanos, dos grupos que promueven en gran parte la violencia en Buenaventura. Con su liderazgo, inició los diálogos con los lideres de esos grupos y de esa manera, se logró reducir muchos homicidios en Buenaventura. Con esos diálogos, la ciudad volvió a tener la tranquilidad que por mucho tiempo no tenía. Asimismo, inició la casa de paz y reconciliación con el fin de seguir promoviendo las actividades en pro de la paz en la zona urbana de Buenaventura. Le dieron el nombre de obispo de la paz por su aporte a la pacificación del territorio. Así que, es imposible hablar de la paz en Buenaventura sin tener en cuenta el aporte de la Iglesia católica.

La Iglesia y promoción humana en Buenaventura: La Iglesia a través de su misión evangelizadora ha anunciado a Jesucristo como fuente de paz y liberación para el pueblo que habita en Buenaventura. Gracias a la misión evangelizadora de la Iglesia, se ha promovido integralmente la educación de los habitantes en Buenaventura a través de la construcción de varias escuelas, tanto en la zona urbana como rural. De hecho, la Iglesia es considerada pionera de la educación en todo el municipio de Buenaventura. Para mejorar la calidad de vida de los adultos mayores, la Iglesia inició los ancianatos especialmente para los ancianos pobres y vulnerables. Con el fin de combatir el hambre, la iglesia a través de la pastoral social inició el Banco de Alimentos Diocesano para surtir alimentos especialmente a las familias pobres. Todos esos programas pastorales, han contribuido enormemente a la promoción del hombre, la defensa de su dignidad y la pacificación del territorio.

Conclusión

La paz es el clamor constante de los habitantes de Buenaventura, pues por mucho tiempo la violencia los ha azotado sin medida. Por eso, en la Semana Santa se oyó con constancia el clamor de los fieles por la paz y la tranquilidad de los barrios que conforman a la ciudad de Buenaventura. Durante el Viacrucis de Viernes Santo varias personas tenían carteleras con oración por la paz de Buenaventura. El mejor tiempo para hacerlo fue la Semana Santa porque Jesucristo es el Principe de la Paz, y su victoria Pascual es la esperanza para los pueblos donde la paz es todavía un sueño para conquistar.

 

 

 


San José Allamano: La Resurrección de Cristo es una fiesta de alegría.

 

En un mundo de hoy lleno de guerras, confrontaciones, polarizaciones, odios y tristezas, la Resurrección de Cristo nos irradia de paz y alegría. Más aún, la Resurrección de Cristo es el fundamento de la fe cristiana, el centro de la predicación y del testimonio de la Iglesia hasta el final de los tiempos. La Pascua es la fiesta principal, la más importante de todo el año, "el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico" (Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, 106). Como dice San Pablo en su primera carta a los Corintios: “Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, y vana también la fe de ustedes” (1 Corintios 15:14).

San José Allamano ofrece varias enseñanzas sobre la Pascua de resurrección del Señor como fuente de alegría para los creyentes y de forma especial para los misioneros de la Consolata. La resurrección de Jesús es una fuente inagotable de alegría y esperanza para los cristianos, pues en la Pascua, celebramos el triunfo de la vida sobre la muerte y renovamos nuestra fe en el amor de Dios. Por eso, la Pascua de Jesús es una fiesta porque “Cristo después de resucitar no muere más porque la muerte ya no tiene poder sobre Él” (Rom 6,9). La resurrección de Cristo suscita en los cristianos alegría y fervor. Al respecto, San José Allamano reitera que, “debemos resucitar en el fervor; no solo del pecado, sino de todas nuestras debilidades. Conservemos siempre el fervor que sentimos en esta fiesta. (…) ¡No tengan miedo de ser demasiado fervorosos”!  (Así los quiero, p. 114).  Es decir, la resurrección de Cristo infunde siempre el ánimo y entusiasmo en el seguimiento de Cristo y en el apostolado misionero.

La Pascua de resurrección de Cristo es una oportunidad para experimentar el espíritu de alegría. Desde la celebración de la Vigilia pascual, se canta con fuerza el aleluya que expresa la alegría de la resurrección. La liturgia de la resurrección expresa la alegría a través del salmo 117: “Este es el día que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo”. Del mismo modo, en el tiempo pascual se dirige a la virgen María con la expresión de alegría: “Reina del cielo, alégrate, aleluya”. Todo eso muestra que la Iglesia experimenta el espíritu de alegría en el tiempo de la Pascua de resurrección de Cristo. Acerca del espíritu de alegría, san José Allamano aclara lo siguiente: “estemos siempre alegres, todos los días, todo el año. El Señor quiere que estemos siempre alegres, incluso mientras dormimos, como los niños que cuando duermen, tienen una expresión tan bella y sonriente. Con alegría se vive mejor y más perfectamente” (Así los quiero, p. 115). La alegría es tener el espíritu de ánimo, pues ella se opone a la tristeza y a la melancolía.

La alegría de la Pascua debe acompañar siempre a los misioneros. San José Allamano quiere que los misioneros y misioneras de la Consolata estén llenos de la alegría evangélica que caracteriza a los consagrados del Señor. Dice al respecto: “Propongámonos vivir una vida santamente alegre y fervorosa. Una comunidad donde todos tuvieran este propósito sería un anticipo del paraíso. Debilidades siempre habrá, pero estamos aquí para aceptarnos, sostenernos y santificarnos…No quiero que ésta sea la casa de la melancolía, sino de alegría. Los quiero alegres” (Así los quiero, pp. 114-115).

La Pascua significa también experimentar la paz del Resucitado. Pues la paz y la alegría son absolutamente inseparables. Cuando Jesús apareció a los apóstoles después de la resurrección, lo primero que les deseó fue la paz. La paz es el fundamento de una sociedad o comunidad alegre. Es imposible que los habitantes de una sociedad o un país sean alegres sin la paz. Por eso afirma san José Allamano que “es necesario estar en paz con Dios, cumpliendo su voluntad, en paz con nosotros mismos, evitando las distracciones, controlando las pasiones y liberándonos de los deseos inútiles; y en paz con el prójimo, sobre todo aceptando sus límites y tratando bien a todos. Tambien podemos conservar la paz en medio de los sacrificios y las dificultades, pero no cuando pecamos” (Así los quiero, p. 114).

San José Allamano advierte a los misioneros de la Consolata acerca de los elementos que pueden obstaculizar que haya alegría en una sociedad o comunidad. Para él la alegría “no consiste en la disipación, en gritar fuerte, en poner la casa patas para arriba. Hablar, sonreír, pero sobre todo con moderación, porque la alegría es una virtud; estén atentos a no salirse de los carriles” (Así los quiero, p. 116). Asimismo, “la alegría se opone a la tristeza. Es necesario animarse para que la tristeza no se transforme en desesperación. Cuando se vive en melancolía ya no se puede hacer el bien. (…) Venzamos la tristeza con la oración, con el deseo de santificarnos, contentos de nuestro estado actual, aceptando el bien y el mal de las manos de Dios; y con paciencia, para soportar las adversidades. Propongámonos vivir una vida santamente alegre y fervorosa” (Así los quiero, p. 116).

En conclusión

El mensaje de Pascua de san José Allamano a los misioneros de la Consolata es contagiarse de la alegría evangélica: “Los quiero alegres. Hay que estar bien de alma y cuerpo. Yo deseo que se conserve y crezca cada vez más el espíritu de tranquilidad, de libertad, de serenidad. Este es el espíritu que yo quiero: ¡siempre alegría, siempre caras alegres! “(Así los quiero, p. 117). Que la Pascua de resurrección de nuestro Señor Jesucristo irradie de alegría y paz a las personas en varios lugares del mundo donde se vive la tristeza de guerras y conflictos.  

 

La importancia de la fiesta de la Divina Misericordia.

El primer domingo después de la Pascua, la Iglesia celebra la fiesta de la Divina Misericordia. El Papa san Juan Pablo II, profundamente marcado por la espiritualidad de la Divina Misericordia, instituyó oficialmente esta fiesta en el año 2000, durante la canonización de Santa Faustina Kowalska. En esa ocasión afirmó: “La humanidad no encontrará la paz hasta que no se dirija con confianza a la misericordia divina” (Homilía, 30 de abril de 2000). San Juan Pablo II en su pontificado enfatizó bastante la Divina Misericordia con la Encíclica Dives in misericordia, la canonización de Santa Faustina Kowalska y la institución de la fiesta de la Divina Misericordia en la Octava de Pascua. Asimismo, el pontificado del Papa Francisco fue marcado por la espiritualidad a la Divina Misericordia. De hecho, convocó el Jubileo de la misericordia que comenzó del 8 de diciembre de 2015 hasta el 20 de noviembre de 2016.  A través del año de la Misericordia, el Papa Francisco recordó a la Iglesia Universal y a toda la humanidad sobre la importancia de la misericordia, pues ella es el reflejo de la paternidad de Dios en el mundo. Así que, la devoción a la Divina misericordia es una espiritualidad que marca siempre el camino de la Iglesia y su apostolado entre varios pueblos y culturas.

 La necesidad de la misericordia hoy.

La misericordia tiene su raíz en la Sagrada Escritura. Dios es el misericordioso por excelencia a la humanidad. Cada uno de nosotros es beneficiario de la Divina Misericordia. De igual manera, el ser humano es un reflejo de la misericordia de Dios. Por eso, es muy necesario ser misericordioso en el mundo de hoy. Actualmente, se evidencian con frecuencia las guerras y conflictos en varios lugares del mundo, la crueldad y la indiferencia, los asesinatos, las políticas crueles a los pobres, entre otros. Se ha perdido mucho los valores como la ternura, el amor al prójimo, la paciencia, la tolerancia, el respeto, etc. La cultura del más fuerte contra los débiles y pobres se ve bastante en muchas naciones. Es apremiante la necesidad de volver a la revolución de misericordia como guía en modus operandi de la sociedad humana.

En una entrevista con ACI Prensa, el Papa Francisco afirmó que “es obvio que el mundo de hoy tiene necesidad de misericordia, tiene necesidad de compasión, a través de “partir con”. Estamos habituados a las malas noticias, a las noticias crueles y a las atrocidades más grandes que ofenden el nombre y la vida de Dios. El mundo tiene necesidad de descubrir que Dios es Padre, que tiene misericordia, que la crueldad no es el camino, se cae en la tentación de seguir una línea dura, en la tentación de subrayar solo las normas morales, pero cuánta gente se queda fuera. Por un lado, vemos el tráfico de armas, la producción de armas que matan, el asesinato de inocentes en los modos más crueles posibles, la explotación de personas, menores, niños: se está actuando–si me permite el término– un sacrilegio contra la humanidad, porque el hombre es sagrado, es la imagen del Dios vivo. Entonces el Padre dice: ‘deténganse y vengan a mi’. Esto es lo que yo veo en el mundo” (Palabras del Papa Francisco en la entrevista con Álvaro de Juana, corresponsal de ACI Prensa). Por eso, se necesitan hoy los heraldos de la misericordia que pueden acariciar y abrazar con compasión a las personas afligidas por las realidades dolorosas en su diario vivir.   

La fiesta de la Divina Misericordia nos lleva a instaurar en nuestros ambientes la revolución de la ternura. Dios es tierno con cada uno de nosotros. La ternura y la misericordia son inseparablemente conectadas. La revolución de la ternura es aquella que hoy tenemos que cultivar como fruto de la devoción a la Divina Misericordia. Es importante notar que, la misericordia, si nos referimos a la Biblia, nos hace conocer a un Dios más ‘emotivo’ que aquel que alguna vez imaginamos. La misericordia nos hace descubrir a un Dios que se conmueve y se apasiona por el ser humano y eso hace que podamos cambiar también nuestra actitud hacia los demás. Al descubrir a un Dios misericordioso nos lleva a tener una actitud más tolerante, más paciente, más tierna.

La fiesta de la Divina misericordia nos recuerda la importancia de las obras de misericordia en el seguimiento de Cristo. Las obras de la misericordia son la brújula que guía el día a día del creyente en el seguimiento de Cristo. La vida del creyente debe reflejar la misericordia de Jesús, el Misericordioso por antonomasia. El bautizado debe esforzarse por practicar las obras de misericordia que son acciones que ayudan a nuestro prójimo en sus necesidades tanto corporales como espirituales. Estas obras son fundamentales en la práctica cristiana y se consideran un llamado a la acción para vivir la fe de manera activa y compasiva. Las obras de misericordia corporales se centran en atender las necesidades físicas de las personas. Ellas son: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, visitar a los presos y enterrar a los difuntos. Sin embargo, las obras de misericordia espirituales se enfocan en las necesidades emocionales y espirituales de las personas. Ellas son: Enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que yerra, perdonar las ofensas, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos del prójimo, rezar por los vivos y por los difuntos. Así que, ser misericordioso es una vocación que llama a mostrar la ternura de Dios a los demás.

Es importante notar que la Divina Misericordia invita a los discípulos de Jesús a abrirse al perdón y a la reconciliación. Uno de los atributos de Dios misericordioso es el perdón que le ofrece al ser humano extraviado. No lo condena sino lo restaura con su perdón. Nunca lo rechaza sino lo acoge con brazos abiertos como se muestra en la parábola del hijo prodigo que Jesús nos enseña en el evangelio de san Lucas (Lc 15, 11-32).  Los grandes problemas de cada sociedad humana se giran alrededor de la incapacidad de perdonarse y reconciliarse. Eso ha causado montones de guerras y conflictos eternos en varios lugares del mundo. La fiesta de la Divina Misericordia nos enseña lo esencial de nuestro ser de cristianos: Ser imitadores de Dios misericordioso. Es decir, ser misericordiosos como los es nuestro Dios, ser perdonadores y reconciliadores como lo es nuestro Dios. De esa manera, podremos dar el testimonio de la misericordia a los demás y dar ejemplo de lo que significa ser discípulos de Cristo en el mundo de hoy.

Conclusión

Cada vez que celebramos la fiesta de la Divina Misericordia estamos recordados que la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida del ser humano. La misericordia es el rostro paternal de Dios a la humanidad. La Iglesia es misericordiosa tal como lo es su Cabeza, Jesucristo el Señor. En ella siempre se encuentra la misericordia de Dios a través de sus pastores, catequistas, hombres y mujeres consagrados y las varias actividades pastorales por medio de las cuales se muestra la ternura de Dios a las personas afligidas por varias realidades de dolor y sufrimiento.  

lunes, 19 de mayo de 2025

Papa Francisco, misionero de paz y reconciliación.

Es imposible hablar del Papa Francisco sin mencionar su esfuerzo por la paz y la reconciliación de varios pueblos y países del mundo. La búsqueda de la paz y la reconciliación para los países donde reinan las guerras y los conflictos internos fue uno de los programas que caracterizó el pontificado del Papa Francisco. A lo largo de su pontificado, promovió constantemente el dialogo, la justicia social y la esperanza como herramientas claves para la construcción de un mundo mejor y más pacifico. Para él, el dialogo es siempre el principal instrumento para acercarse, escucharse y comprender a los demás buscando puntos en común para construir la paz. Asimismo, solía enfatizar sobre la importancia de la justicia social y sin ella, la paz siempre está amenazada. Con todo eso, se puede afirmar con certeza de que el Papa Francisco fue un misionero de paz y reconciliación de los pueblos, pues buscó incansablemente los caminos para encontrar la paz duradera, sobre todo, para los países donde han prevalecido las guerras y los conflictos internos. A continuación, describo algunos elementos que caracterizó el apostolado del Papa Francisco  a favor de la paz y la reconciliación de los pueblos:  

Su viaje apostólico a Colombia por la paz y la reconciliación: Es importante recordar que, del 6 al 11 de septiembre de 2017, el Papa Francisco visitó a Colombia con el fin de promover la paz y la reconciliación. El lema de su visita apostólica fue: “Demos el primer paso”. En el gran encuentro de oración por la reconciliación nacional que se realizó en la ciudad de Villavicencio, el santo Padre subrayó la importancia de paz, perdón y reconciliación para todo el pueblo colombiano. Ante la presencia de las víctimas del conflicto armado y con la presencia de la imagen de Cristo negro mutilado de Bojayá-Chocó, invitó al pueblo de Dios especialmente a las víctimas del conflicto a transformar su dolor en fuente de vida y esperanza con la fuerza del perdón y la grandeza del amor que Jesucristo enseña siempre a sus discípulos.

Su visita apostólica a la República Centroafricana: La República Centroafricana fue el tercer país africano que visitó el Papa Francisco después de Kenia y Uganda. Su visita a ese país ocurrió del 29 al 30 de noviembre de 2015. Antes de su visita, la República Centroafricana se había enredado en una guerra civil por varios años. De hecho, cuando el Papa Francisco realizó ese viaje apostólico, el país estaba en guerra abierta, aunque el conflicto paró en los días de su visita. La visita del Papa Francisco llenó de esperanza a ese país que había sido desfigurado por la crisis humanitaria causada por el conflicto armado. En la ceremonia de apertura de la puerta Santa en la catedral de Bangui donde anticipó el Año Santo de la misericordia en esa tierra, el Pontífice lanzó un llamamiento a todos los que empeñaban injustamente las armas a deponerlas. Los llamó a armarse con la justicia, el amor y la misericordia, garantías de auténtica paz. De igual manera, tuvo un encuentro con la comunidad musulmana en la mezquita central de la capital Bangui y con otras denominaciones religiosas con el fin de promover el dialogo entre todo el pueblo de la República Centroafricana en pro de la paz. Su visita creó mucha  esperanza de paz y reconciliación para la República Centroafricana hasta el día de hoy.

Su visita apostólica a República Democrática del Congo y Sudan del Sur: Del 31 de enero al 5 de febrero de 2023, el Papa Francisco tuvo la visita apostólica a República Democrática de Congo y Sudan del Sur. Fueron los últimos países africanos que él visitó. El lema de su visita apostólica fue: “Todos Reconciliados en Cristo”. Vale notar que, ambos países han tenido por mucho tiempo los problemas de conflicto armado, desplazamiento forzado de personas y una escala de violencia desenfrenada. El motivo de su viaje apostólico a esos países fue promover la paz y la justicia social. En la eucaristía por la paz y su encuentro con las víctimas del conflicto, el Papa Francisco dijo: “Estamos llamados a ser misioneros de paz, y esto nos dará la paz. Es una decisión; es hacer sitio en nuestros corazones para todos, es creer que las diferencias étnicas, regionales, sociales, religiosas y culturales vienen después y no son obstáculos; que los demás son hermanos y hermanas, miembros de la misma comunidad humana; que cada uno es destinatario de la paz que Jesús ha traído al mundo. Es creer que los cristianos estamos llamados a colaborar con todos, a romper el ciclo de la violencia, a desmantelar las tramas del odio” (Homilía del Papa Francisco en la Republica Democrática del Congo).

De igual forma, en Sudan del Sur, especialmente en su encuentro con los desplazados internos, el Sumo Pontífice llamó a los ciudadanos de Sudan del Sur a un camino de paz. En su discurso dijo: “Renuevo, con todas las fuerzas, el más apremiante llamamiento a que cese todo conflicto, a retomar seriamente el proceso de paz para que finalicen las agresiones y la gente pueda volver a vivir de manera digna. Sólo con la paz, la estabilidad y la justicia podrá haber desarrollo y reintegración social” (Alocución de Papa Francisco en el encuentro con desplazados internos en su visita apostólica a Sudan del Sur). Es importante recordar que, antes de su visita, del 10 al 11 de abril de 2019, había invitado a un retiro espiritual en Roma al presidente de Sudan del Sur, Salva Kiir Mayardit y su vicepresidente, Riek Machar, dos líderes que por mucho tiempo han tenido rivalidad entre sí. Con un gesto de humildad, besó los pies de ambos líderes como signo de invitarlos al dialogo y a la paz para el bien de toda la nación.

Su constante preocupación por el conflicto entre Rusia y Ucrania: Desde que Rusia invadió a Ucrania el 24 de febrero de 2022, el Papa Francisco de inmediato  alzó la voz en contra de esa guerra y pidió constantemente a los presidentes de ambos países a que abrazaran el camino del dialogo para la paz de sus países. Por la paz en ambos países, el 25 de marzo de 2022, el Papa Francisco consagró a Rusia y a Ucrania al Inmaculado Corazón de María, en un acto histórico que se repitió en el Santuario de Fátima (Portugal) y al que se sumaron varios obispos en diferentes iglesias locales de los cinco continentes. También, nombró al Cardenal Mateo María Zuppi como su enviado especial para la paz en Ucrania y Rusia con el motivo de buscar caminos que facilitarían el fin de la guerra entre los dos países y la pacificación de sus territorios.

La búsqueda incesante de paz y reconciliación entre Israel y Palestina: Desde que estalló la guerra entre Israel y el grupo armado palestino “Hamas” en la franja de Gaza el 07 de octubre de 2023, el Papa Francisco alzó la voz en contra de esa guerra entre ambos pueblos. En múltiples ocasiones clamó por Gaza refiriendo a esa guerra como una crueldad por el sufrimiento y defunciones ocasionados a la gente inocente. Nunca guardó silencio sobre la situación de violencia causada por el conflicto entre Israel y Hamas. El Papa Francisco solía llamar diariamente al padre Gabriel Romanelli, párroco de la parroquia La Sagrada Familia en Gaza para manifestar su cercanía y apoyo a la comunidad cristiana. Desde que inició la guerra en Gaza en octubre de 2023, el Papa Francisco mantenía una rutina diaria de llamada a la parroquia de la Sagrada Familia, la única presencia de la Iglesia católica en la franca de Gaza para preguntar por la comunidad y ofrecer su bendición consoladora a ella. Esas llamadas eran muestra de su preocupación y solidaridad con los cristianos y todo el pueblo de Gaza.

Conclusión

Indudablemente el Papa Francisco fue un misionero de la paz y la reconciliación. Muchas veces alzó la voz en contra de las guerras y violencias en varios países del mundo. Concientizó al mundo que todos somos perdedores cuando hay guerras y violencias en nuestros territorios. Era muy conocido en promover el dialogo como herramienta creíble para lograr la paz, la reconciliación y la justicia social entre los pueblos. Viajó a algunos países donde se agudizaban los conflictos armados para promover la paz, el dialogo y la justicia social. Defendió a los pobres y vulnerables de la sociedad que siempre son los más afectados de las guerras. Así que, el Papa Francisco fue un misionero y promotor de la paz, el perdón y la reconciliación en todo el mundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El mes de María según San José Allamano.

En la espiritualidad católica, mayo es el mes de la Santísima Virgen Maria. Asimismo, es considerado el mes más bello como María es la mujer más bella que ha existido en el orbe. El Papa Pablo VI en la Enciclica “Mense Maio” afirma que “el mes de mayo es el mes en el que los templos y en las casas particulares sube a María desde el corazón de los cristianos el más ferviente y afectuoso homenaje de su oración y de su veneración. Y es también el mes en el que desde su trono descienden hasta nosotros los dones más generosos y abundantes de la divina misericordia.” (Pablo VI, Carta enc. Mense Maio, párrafo no.1). Lo especial de este mes es que, toda la Iglesia pone su atención a la contemplación del papel de la Virgen María en la historia de salvación de la humanidad. Así que, el mes de mayo es muy significativo porque nos convoca a crecer en la espiritualidad mariana, intensificar la vida de oración por las necesidades propias y las del mundo entero.

¿Qué nos exhorta San José Allamano sobre el mes de mayo?

En la vida de todos los santos, la virgen Maria ha tenido siempre un lugar privilegiado. En ella se encuentran todas las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad (cfr. 1 Cor 13, 13). De igual manera, San José Allamano era un devoto ferviente de la santísima virgen Consolata. Se consagró a Ella y le encomendó también a los dos Institutos misioneros fundados por él. Por ser mariano por excelencia, el mes de mayo era muy importante para el Fundador de los misioneros de la Consolata. A ellos les transmitió el valor sublime del mes de María, tal como se describe a continuación:

El mes de mayo es para crecer en amor hacia la virgen Maria: Afirma san José Allamano: “Si todos deberían ser afectuosos con María, con más razón los misioneros y las misioneras. Por lo tanto, tratemos de santificar este mes honrándola y creciendo cada vez más en el amor hacia ella” (Asi los quiero, p. 234). En el mes de mayo es fundamental crecer en amor mariano a través del rezo del rosario, rezo de Ángelus o Reina del Cielo y otras invocaciones marianas que  resaltan  la veneración de la Madre de Dios. Es un deseo de san José Allamano que la Virgen María esté contenta de los misioneros y misioneras de la Consolata especialmente en el mes dedicado a Ella (Cfr. Así los quiero, p. 234).

Mayo es un mes para imitar las virtudes de la Virgen Maria: Las virtudes son las características de un individuo que son deseadas por la sociedad. Acerca de ello subraya san José Allamano. “Por lo tanto, tratemos de vivir este mes de gracias particulares, esforzándonos por crecer en la virtud que la virgen nos surgiera” (Asi los quiero, p. 234).  Las virtudes de la virgen Maria que cada misionero y discípulo de Jesucristo debe imitar son: amor ardiente a Dios, la humildad, fe y aceptación de la Palabra de Dios, obediencia generosa, caridad solicita, sabiduría, piedad, paciencia y fortaleza en el dolor, pobreza y confianza en el Señor, esperanza, entre otras. Nos recuerda José Allamano que “hacer sacrificios en honor de María está bien, pero vale más la imitación de sus virtudes” (Así los quiero, p. 234).

La devoción de María debe distinguirse en todo el año: Mayo es un mes especial para que se resalte la veneración y la devoción a la virgen María. Sin embargo, para los misioneros de la Consolata la devoción a María no debe limitarse solo al mes de mayo, sino que debe destacarse en todo el año. Acerca de ello, dice San José Allamano: “¡Que bella y plena es la vida cuando se es devoto de Maria! Quiero que para ustedes sea “mes de Maria” todo el año, porque deben estar como enamorados de la Virgen” (Asi los quiero, 235).  San José Allamano insiste que la devoción a la Madre del Señor debe ser parte de la espiritualidad que identifica el ser y quehacer del misionero de la Consolata. La Virgen María bajo la advocación de la Consolata es la Patrona de los Institutos fundados por San José Allamano, y por eso, su imagen debe estar en cada misión donde estén los misioneros y las misioneras de la Consolata.

En conclusión:

Los misioneros de la Consolata son marianos por excelencia. La devoción mariana es un legado que heredaron de su santo Fundador. San José Allamano era muy devoto a la Consolata. Para ello, exhortó constantemente a los misioneros de la Consolata a enaltecer a la Virgen Maria en todo el año. Que la Virgen Consolata, Madre de los misioneros siempre interceda por su obra evangelizadora en las misiones que se les han confiado.