Ssimbwa Lawrence es presbítero misionero de la Consolata; actualmente trabaja en Colombia.  


martes, 14 de abril de 2026

La importancia de la fiesta de la Divina Misericordia.

El primer domingo después de la Pascua, la Iglesia celebra la fiesta de la Divina Misericordia. El Papa san Juan Pablo II, profundamente marcado por la espiritualidad de la Divina Misericordia, instituyó oficialmente esta fiesta en el año 2000, durante la canonización de Santa Faustina Kowalska. En esa ocasión afirmó: “La humanidad no encontrará la paz hasta que no se dirija con confianza a la misericordia divina” (Homilía, 30 de abril de 2000). San Juan Pablo II en su pontificado enfatizó bastante la Divina Misericordia con la Encíclica Dives in misericordia, la canonización de Santa Faustina Kowalska y la institución de la fiesta de la Divina Misericordia en la Octava de Pascua. Asimismo, el pontificado del Papa Francisco fue marcado por la espiritualidad a la Divina Misericordia. De hecho, convocó el Jubileo de la misericordia que comenzó del 8 de diciembre de 2015 hasta el 20 de noviembre de 2016.  A través del año de la Misericordia, el Papa Francisco recordó a la Iglesia Universal y a toda la humanidad sobre la importancia de la misericordia, pues ella es el reflejo de la paternidad de Dios en el mundo. Así que, la devoción a la Divina misericordia es una espiritualidad que marca siempre el camino de la Iglesia y su apostolado entre varios pueblos y culturas.

 La necesidad de la misericordia hoy.

La misericordia tiene su raíz en la Sagrada Escritura. Dios es el misericordioso por excelencia a la humanidad. Cada uno de nosotros es beneficiario de la Divina Misericordia. De igual manera, el ser humano es un reflejo de la misericordia de Dios. Por eso, es muy necesario ser misericordioso en el mundo de hoy. Actualmente, se evidencian con frecuencia las guerras y conflictos en varios lugares del mundo, la crueldad y la indiferencia, los asesinatos, las políticas crueles a los pobres, entre otros. Se ha perdido mucho los valores como la ternura, el amor al prójimo, la paciencia, la tolerancia, el respeto, etc. La cultura del más fuerte contra los débiles y pobres se ve bastante en muchas naciones. Es apremiante la necesidad de volver a la revolución de misericordia como guía en modus operandi de la sociedad humana.

En una entrevista con ACI Prensa, el Papa Francisco afirmó que “es obvio que el mundo de hoy tiene necesidad de misericordia, tiene necesidad de compasión, a través de “partir con”. Estamos habituados a las malas noticias, a las noticias crueles y a las atrocidades más grandes que ofenden el nombre y la vida de Dios. El mundo tiene necesidad de descubrir que Dios es Padre, que tiene misericordia, que la crueldad no es el camino, se cae en la tentación de seguir una línea dura, en la tentación de subrayar solo las normas morales, pero cuánta gente se queda fuera. Por un lado, vemos el tráfico de armas, la producción de armas que matan, el asesinato de inocentes en los modos más crueles posibles, la explotación de personas, menores, niños: se está actuando–si me permite el término– un sacrilegio contra la humanidad, porque el hombre es sagrado, es la imagen del Dios vivo. Entonces el Padre dice: ‘deténganse y vengan a mi’. Esto es lo que yo veo en el mundo” (Palabras del Papa Francisco en la entrevista con Álvaro de Juana, corresponsal de ACI Prensa). Por eso, se necesitan hoy los heraldos de la misericordia que pueden acariciar y abrazar con compasión a las personas afligidas por las realidades dolorosas en su diario vivir.   

La fiesta de la Divina Misericordia nos lleva a instaurar en nuestros ambientes la revolución de la ternura. Dios es tierno con cada uno de nosotros. La ternura y la misericordia son inseparablemente conectadas. La revolución de la ternura es aquella que hoy tenemos que cultivar como fruto de la devoción a la Divina Misericordia. Es importante notar que, la misericordia, si nos referimos a la Biblia, nos hace conocer a un Dios más ‘emotivo’ que aquel que alguna vez imaginamos. La misericordia nos hace descubrir a un Dios que se conmueve y se apasiona por el ser humano y eso hace que podamos cambiar también nuestra actitud hacia los demás. Al descubrir a un Dios misericordioso nos lleva a tener una actitud más tolerante, más paciente, más tierna.

La fiesta de la Divina misericordia nos recuerda la importancia de las obras de misericordia en el seguimiento de Cristo. Las obras de la misericordia son la brújula que guía el día a día del creyente en el seguimiento de Cristo. La vida del creyente debe reflejar la misericordia de Jesús, el Misericordioso por antonomasia. El bautizado debe esforzarse por practicar las obras de misericordia que son acciones que ayudan a nuestro prójimo en sus necesidades tanto corporales como espirituales. Estas obras son fundamentales en la práctica cristiana y se consideran un llamado a la acción para vivir la fe de manera activa y compasiva. Las obras de misericordia corporales se centran en atender las necesidades físicas de las personas. Ellas son: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, visitar a los presos y enterrar a los difuntos. Sin embargo, las obras de misericordia espirituales se enfocan en las necesidades emocionales y espirituales de las personas. Ellas son: Enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que yerra, perdonar las ofensas, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos del prójimo, rezar por los vivos y por los difuntos. Así que, ser misericordioso es una vocación que llama a mostrar la ternura de Dios a los demás.

Es importante notar que la Divina Misericordia invita a los discípulos de Jesús a abrirse al perdón y a la reconciliación. Uno de los atributos de Dios misericordioso es el perdón que le ofrece al ser humano extraviado. No lo condena sino lo restaura con su perdón. Nunca lo rechaza sino lo acoge con brazos abiertos como se muestra en la parábola del hijo prodigo que Jesús nos enseña en el evangelio de san Lucas (Lc 15, 11-32).  Los grandes problemas de cada sociedad humana se giran alrededor de la incapacidad de perdonarse y reconciliarse. Eso ha causado montones de guerras y conflictos eternos en varios lugares del mundo. La fiesta de la Divina Misericordia nos enseña lo esencial de nuestro ser de cristianos: Ser imitadores de Dios misericordioso. Es decir, ser misericordiosos como los es nuestro Dios, ser perdonadores y reconciliadores como lo es nuestro Dios. De esa manera, podremos dar el testimonio de la misericordia a los demás y dar ejemplo de lo que significa ser discípulos de Cristo en el mundo de hoy.

Conclusión

Cada vez que celebramos la fiesta de la Divina Misericordia estamos recordados que la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida del ser humano. La misericordia es el rostro paternal de Dios a la humanidad. La Iglesia es misericordiosa tal como lo es su Cabeza, Jesucristo el Señor. En ella siempre se encuentra la misericordia de Dios a través de sus pastores, catequistas, hombres y mujeres consagrados y las varias actividades pastorales por medio de las cuales se muestra la ternura de Dios a las personas afligidas por varias realidades de dolor y sufrimiento.  

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