La necesidad de la misericordia hoy.
La
misericordia tiene su raíz en la Sagrada Escritura. Dios es el misericordioso
por excelencia a la humanidad. Cada uno de nosotros es beneficiario de la
Divina Misericordia. De igual manera, el ser humano es un reflejo de la
misericordia de Dios. Por eso, es muy necesario ser misericordioso en el mundo
de hoy. Actualmente, se evidencian con frecuencia las guerras y conflictos en
varios lugares del mundo, la crueldad y la indiferencia, los asesinatos, las políticas
crueles a los pobres, entre otros. Se ha perdido mucho los valores como la ternura,
el amor al prójimo, la paciencia, la tolerancia, el respeto, etc. La cultura
del más fuerte contra los débiles y pobres se ve bastante en muchas naciones. Es
apremiante la necesidad de volver a la revolución de misericordia como guía en modus
operandi de la sociedad humana.
En
una entrevista con ACI Prensa, el Papa Francisco afirmó que “es obvio que el
mundo de hoy tiene necesidad de misericordia, tiene necesidad de compasión, a
través de “partir con”. Estamos habituados a las malas noticias, a las noticias
crueles y a las atrocidades más grandes que ofenden el nombre y la vida de
Dios. El mundo tiene necesidad de descubrir que Dios es Padre, que tiene
misericordia, que la crueldad no es el camino, se cae en la tentación de seguir
una línea dura, en la tentación de subrayar solo las normas morales, pero
cuánta gente se queda fuera. Por un lado, vemos el tráfico de armas, la
producción de armas que matan, el asesinato de inocentes en los modos más
crueles posibles, la explotación de personas, menores, niños: se está
actuando–si me permite el término– un sacrilegio contra la humanidad, porque el
hombre es sagrado, es la imagen del Dios vivo. Entonces el Padre dice:
‘deténganse y vengan a mi’. Esto es lo que yo veo en el mundo” (Palabras del
Papa Francisco en la entrevista con Álvaro de Juana, corresponsal de ACI Prensa).
Por eso, se necesitan hoy los heraldos de la misericordia que pueden acariciar y
abrazar con compasión a las personas afligidas por las realidades dolorosas en
su diario vivir.
La fiesta
de la Divina Misericordia nos lleva a instaurar en nuestros ambientes la
revolución de la ternura. Dios es tierno con cada uno de nosotros. La ternura y
la misericordia son inseparablemente conectadas. La revolución de la ternura es
aquella que hoy tenemos que cultivar como fruto de la devoción a la Divina Misericordia.
Es importante notar que, la misericordia, si nos referimos a la Biblia, nos
hace conocer a un Dios más ‘emotivo’ que aquel que alguna vez imaginamos. La
misericordia nos hace descubrir a un Dios que se conmueve y se apasiona por el
ser humano y eso hace que podamos cambiar también nuestra actitud hacia los demás.
Al descubrir a un Dios misericordioso nos lleva a tener una actitud más
tolerante, más paciente, más tierna.
La
fiesta de la Divina misericordia nos recuerda la importancia de las obras de misericordia
en el seguimiento de Cristo. Las obras de la misericordia son la brújula que
guía el día a día del creyente en el seguimiento de Cristo. La vida del
creyente debe reflejar la misericordia de Jesús, el Misericordioso por
antonomasia. El bautizado debe esforzarse por practicar las obras de
misericordia que son acciones que ayudan a nuestro prójimo en sus necesidades
tanto corporales como espirituales. Estas obras son fundamentales en la
práctica cristiana y se consideran un llamado a la acción para vivir la fe de
manera activa y compasiva. Las obras de misericordia corporales se centran en
atender las necesidades físicas de las personas. Ellas son: dar de comer al
hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al
peregrino, visitar a los enfermos, visitar a los presos y enterrar a los
difuntos. Sin embargo, las
obras de misericordia espirituales se enfocan en las necesidades emocionales y
espirituales de las personas. Ellas son: Enseñar al que no sabe, dar buen
consejo al que lo necesita, corregir al que yerra, perdonar las ofensas, consolar
al triste, sufrir con paciencia los defectos del prójimo, rezar por los vivos y
por los difuntos. Así que, ser misericordioso es una vocación que llama a mostrar
la ternura de Dios a los demás.
Es importante
notar que la Divina Misericordia invita a los discípulos de Jesús a abrirse al
perdón y a la reconciliación. Uno de los atributos de Dios misericordioso es el
perdón que le ofrece al ser humano extraviado. No lo condena sino lo restaura
con su perdón. Nunca lo rechaza sino lo acoge con brazos abiertos como se
muestra en la parábola del hijo prodigo que Jesús nos enseña en el evangelio de
san Lucas (Lc 15, 11-32). Los grandes problemas
de cada sociedad humana se giran alrededor de la incapacidad de perdonarse y
reconciliarse. Eso ha causado montones de guerras y conflictos eternos en
varios lugares del mundo. La fiesta de la Divina Misericordia nos enseña lo
esencial de nuestro ser de cristianos: Ser imitadores de Dios misericordioso.
Es decir, ser misericordiosos como los es nuestro Dios, ser perdonadores y
reconciliadores como lo es nuestro Dios. De esa manera, podremos dar el
testimonio de la misericordia a los demás y dar ejemplo de lo que significa ser
discípulos de Cristo en el mundo de hoy.
Conclusión
Cada
vez que celebramos la fiesta de la Divina Misericordia estamos recordados que
la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida del ser humano. La
misericordia es el rostro paternal de Dios a la humanidad. La Iglesia es
misericordiosa tal como lo es su Cabeza, Jesucristo el Señor. En ella siempre
se encuentra la misericordia de Dios a través de sus pastores, catequistas,
hombres y mujeres consagrados y las varias actividades pastorales por medio de
las cuales se muestra la ternura de Dios a las personas afligidas por varias
realidades de dolor y sufrimiento.


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