Ssimbwa Lawrence es presbítero misionero de la Consolata; actualmente trabaja en Colombia.  


domingo, 11 de abril de 2021

LA PASIÓN MISIONERA SEGÚN EL BEATO JOSÉ ALLAMANO

Varias son las reflexiones que se han hecho en torno a la pasión misionera y su importancia en la obra evangelizadora de la Iglesia. Varios son los ejemplos de santos y beatos que han puesto en práctica el ardor misionero a ejemplo de Jesucristo. Varios pontífices han exhortado a la Iglesia a tener el celo apostólico en la propagación de la fe. Asimismo, varios son los fieles que, de forma sencilla, sirven a la Iglesia con pasión a través de los ministerios laicales. El beato José Allamano, fundador de misioneros y misioneras de la Consolata,  es uno de los que han reflexionado sobre la trascendencia del celo apostólico y su exhortación no se limita solo a los institutos misioneros  que él fundó, sino que son útiles para todos los evangelizadores de la Iglesia.

¿Qué significado tiene la pasión misionera?

La pasión misionera es sinónimo de ardor misionero o celo apostólico. Es el espíritu propio de un evangelizador y la característica propia de la nueva evangelización. De hecho, la evangelización es nueva por la pasión misionera de los evangelizadores. La Cuarta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Santo Domingo, reitera claramente esta realidad: “El ardor apostólico de la nueva evangelización brota de una radical conformación con Jesucristo, el primer evangelizador. Así, el mejor evangelizador es el santo” (Santo Domingo, no. 28).

Es importante notar que la palabra ardor tiene que ver con quemar o arder. En este sentido, el ardor misionero es quemarse por Dios y eso significa estar apasionado completamente por Él y por su causa en el mundo. Por eso, “el nuevo ardor de la nueva evangelización debe ser al estilo del que devoraba a Jesús; el ardor por el Padre, por la gloria del Padre en la salvación integral de los hombres” (Gloden Enrique, p. 13).  

Los evangelizadores con la pasión misionera están abiertos a la acción del Espíritu Santo, pues “el Espíritu Santo, además infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia (parresia), en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente” (EG, no.259). Además, el Espíritu Santo es el protagonista de la misión, y es Él quien le dota de dones al evangelizador para que anuncie el evangelio con coraje en cualquier contexto donde esté insertado. 

Jesucristo es el modelo del ardor misionero. Jesucristo le devoraba el celo por el reino de su Padre y eso caracterizó todo su ministerio público. Por la pasión evangelizadora que le caracterizaba, caminó de una aldea a la otra, de una orilla a la otra, de una ciudad a la otra, y así mostrándonos la importancia de la salida misionera. Predicó la Buena Noticia en el templo y en diferentes lugares con el mismo celo misionero para que, de esa manera, pudiera revelar el rostro invisible de Dios a la humanidad. Con pasión, Jesucristo dedicaba tiempo a la oración después de estar con la gente casi todo el día, para mostrarnos que la fuerza del evangelizador viene siempre de la comunión con Dios. Para ello, Él es el prototipo por antonomasia del celo apostólico porque es el único gran Evangelizador que haya habido en el mundo.  

Beato José Allamano y la pasión misionera

El beato José Allamano era un misionero totalmente apasionado por la causa de Dios. Era muy apasionado por el reino de Dios y su extensión a los lugares donde era desconocido. Según él, quienes se llaman misioneros y misioneras deben poseer el ardor misionero como su carácter. No se trata de ser meros misioneros, sino misioneros con ardor apostólico. Al respecto dice José Allamano: “el ardor apostólico es el carácter propio del misionero y de la misionera. No se va a las misiones por capricho, o por turismo, sino únicamente por amor a Dios, que es inseparable del amor al prójimo. Por lo tanto, no sólo como cristianos, sino tambien, y mucho más, como misioneros, tenemos el compromiso de buscar la gloria de Dios colaborando en la salvación de las almas” (Así los quiero, p. 173). La pasión misionera surge de la convicción de que, el misionero y la misionera son colaboradores de Dios en su plan de salvación. Son instrumentos de Él y actúan en nombre de Él. Ser colaboradores de Dios significa que Dios se sirve de las personas para llevar a cabo su obra redentora en el mundo.

El beato José Allamano hace entender que, la pasión misionera está relacionada con el  trabajo y sacrificio. Por eso, “el verdadero apóstol es encendido por la caridad, es decir, por la pasión de hacer conocer y amar al Señor; buscar el bien de las personas y no de sí mismo” (Así los quiero, p. 175). El amor a Dios hace que haya celo por la misión. Ese celo es el fuego que enciende al misionero en su apostolado y sin ello, es difícil ser misioneros de verdad. Es por eso que “los que no arden de este fuego divino, ¡nunca serán misioneros o misioneras!” (Así los quiero, p. 175).

La pasión misionera está vinculada con el saber. En este sentido, es muy importante estudiar para adquirir conocimientos necesarios sobre la misión.  Cada época tiene sus desafíos. La ciencia de la misión ayuda a contextualizarla y mejorarla. Mejora la evangelización con nuevos métodos y nuevas expresiones. Así que, “nuestro compromiso apostólico, además, debe ser completado, perfeccionado por la ciencia. (…) debemos adquirir los conocimientos necesarios, sin esperar la ciencia infusa. (…) en las misiones tambien es necesaria la ciencia” (Asi los quiero, p. 175).

El ardor misionero tiene que ver con la paciencia y constancia. Los evangelizadores deben poseer esas cualidades. Pues, “el verdadero apóstol es estable gracias a la paciencia y la constancia” (Así los quiero, p. 175). La constancia y paciencia evitan los desánimos en momentos cuando los resultados esperados son escasos. Los evangelizadores simplemente siembran la semilla de la fe pero el que cosecha es Dios. Los resultados se dan cuando Dios quiera, porque los planes de Dios son distintos a los del ser humano (Isaías 55, 8). Por lo tanto, es importante que los misioneros siempre tengan la paciencia y constancia para evitar estreses en momentos cuando las cosas no salgan como se esperan.

En conclusión, el beato José Allamano nos enseña la importancia del celo apostólico en la tarea evangelizadora de los discípulos misioneros de Jesucristo. Debe ser el mismo celo que devoraba a Jesucristo. Es decir, el celo por la extensión del reino de Dios. El ardor apostólico de los discípulos misioneros tiene como motivo dar a conocer a Jesucristo a los que no lo conocen y a los bautizados indiferentes a la fe de la Iglesia. Asimismo, tiene como objetivo animar a los fieles que tienen la madurez de la fe y todos los procesos pastorales que cimientan el crecimiento de la fe en la Iglesia. 

lunes, 29 de marzo de 2021

Beato José Allamano y la semana Santa

La Semana Santa es conocida como la semana por medio de la cual, los cristianos reflexionan sobre el misterio de la salvación traída por Jesucristo. La Semana Santa inicia con el domingo de Ramos y su contenido es la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Así que, no se puede hablar de la Semana Santa sin referirse a esos misterios que son el fundamento de la fe cristiana, los cuales el beato José Allamano abordó con mucho esmero tal como se muestra a continuación:

Acerca de la Pasión y Muerte de Jesucristo

El beato José Allamano acentúa la importancia de la Pasión y Muerte de Jesucristo en la vida cristiana. Es importante notar que, desde el domingo de Ramos se empieza a vivir la liturgia de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo, pero el viernes Santo es el día que nos conduce a contemplar la Pasión  y Muerte del Señor. Se vive este día con el viacrucis, la celebración de la Pasión del Señor y la veneración de la santa Cruz. Además, hay en algunos países otras devociones alusivas a la vivencia de la Pasión de Jesús, sobre todo, el Sermón de las siete palabras que resume el contenido de la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo.

Por lo que significa la Semana Santa, el beato José Allamano recuerda la importancia de ser devotos a la Pasión de Jesucristo, principalmente para los misioneros y las misioneras. Pues “si todos deben pensar en la Pasión de Jesús, con más razón los misioneros y las misioneras. Para ustedes debe ser una de las devociones más importantes” (Así los quiero, p. 111). Ser devotos a la Pasión y Muerte de Jesucristo implica meditar profundamente este misterio. Al meditarlo nos debe llevar al arrepentimiento de nuestros pecados y reparación de nuestras culpas. Por eso, el beato José Allamano insiste en que “meditemos la Pasión del Señor y nuestro corazón, si no es de piedra, se conmoverá” (Así los quiero, p. 111). La meditación de la Pasión nos suscita el deseo de sufrir con Jesús y nos lleva a entender nuestro propio sufrimiento.

La Pasión y Muerte de Jesús es un misterio que nos lleva a entender el valor del sacrificio. La Pasión y Muerte de Jesucristo es la mayor manifestación de su sacrificio salvífico en pro de la humanidad pecadora. Para ello, “hasta que no estemos empapados de la Pasión de Jesús, no lograremos vivir con generosidad el espíritu de sacrificio” (Asi los quiero, p. 112).  Según el beato José Allamano “siempre tenemos que tener este espíritu, durante toda la vida: sacrificarnos siempre. La Pasión del Señor nos sostendrá en el cansancio y en los sufrimientos provocados por el apostolado, así como en la misma muerte” (Así los quiero, p. 113).  Hay que vivir con amor el misterio de la Pasión del Señor porque es fuente de fuerza para quienes se entregan a la misión del Señor. Asimismo, hay que contemplarlo con frecuencia para entender el valor del sufrimiento a favor de la obra de él. Más aún, la devoción de la Pasión del Señor aumenta el ardor misionero.

La Pasión y Muerte de Jesucristo, misterio que se contempla en la Semana Santa, nos ayuda a entender el valor del crucifijo. El crucifijo es un reflejo de la Cruz de Cristo por medio de la cual consiguió la salvación para toda la humanidad. Al respecto dice el beato José Allamano: “seamos devotos del Crucifijo. Tratemos de tenerlo en nuestras habitaciones, sobre nuestro cuerpo; dirijámosle con frecuencia gestos de fe y amor. ¿Qué es el Crucifijo para un misionero, para una misionera? Es un libro, un amigo y una arma” (Así los quiero, p. 112).  Hay que imitar la cruz de Cristo en momentos de sufrimientos y por medio de ella nos santificamos, es el camino que nos conduce al paraíso, pues “para alcanzar la gloria no hay otro camino que imitar a Jesús sufriente” (Así los quiero, p. 113).

Acerca de la Resurrección de Jesucristo.

La resurrección de Cristo es el fundamento de nuestra fe cristiana, pues “si Cristo no hubiera resucitado, vana seria nuestra fe” (1 Corintios 15,14). Es decir, todo lo que había dicho quedaría sin cumplirse, inclusive nuestra fe cristiana no tendría sentido y dudaríamos que realmente fuera Dios. Sin embargo, con su gloriosa resurrección, Cristo venció a la muerte  y al pecado, y sabemos que realmente es Hijo de Dios y nos resucitará en el último día. El beato José Allamano ofrece varias enseñanzas acerca de la Pascua de resurrección del Señor.

La resurrección de Cristo es una fiesta porque “Cristo después de resucitar no muere más porque la muerte ya no tiene poder sobre Él” (Rom 6,9). Eso significa que fuera de ser una fiesta, la resurrección de Cristo suscita siempre el fervor. Así que, “debemos resucitar en el fervor; no solo del pecado, sino de todas nuestras debilidades. Conservemos siempre el fervor que sentimos en esta fiesta. (…) ¡No tengan miedo de ser demasiado fervorosos” (Así los quiero, p. 114). Es decir, la resurrección de Cristo nos infunde el ánimo y entusiasmo en el apostolado misionero.

La Pascua de resurrección significa experimentar la paz de Cristo Resucitado. Es importante notar que, al aparecer a los apóstoles, lo primero que hizo el Resucitado fue desearles la paz.  Con su resurrección, Cristo trajo la paz al mundo. Estamos invitados a “estar en paz con Dios, cumpliendo su voluntad, en paz con nosotros mismos, evitando las distracciones, controlando las pasiones y liberándonos de los deseos inútiles; y en paz con el prójimo, sobre todo aceptando sus límites y tratando bien a todos. También podemos conservar la paz en medio de los sacrificios y las dificultades, pero no cuando pecamos” (Así los quiero, p. 114). La paz es un don que hay que pedirle a Dios, porque Él es el Príncipe de la paz.

La Pascua de resurrección de Cristo es momento para experimentar el espíritu de la alegría. Desde la celebración de la Vigilia pascual, se canta con fuerza el aleluya que expresa la alegría de la resurrección. La liturgia de la resurrección expresa la alegría a través del salmo 117: “Este es el día que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo”. Del mismo modo, en el tiempo pascual se dirige a la virgen María con la expresión de alegría: “Reina del cielo, alégrate, aleluya”. Todo eso muestra que la Iglesia experimenta el espíritu de alegría en el tiempo de la Pascua de Resurrección de Cristo. Respecto a la alegría, el beato Jose Allamano dice lo siguiente: “estemos siempre alegres, todos los días, todo el año. El Señor quiere que estemos siempre alegres, incluso mientras dormimos, como los niños que cuando duermen, tienen una expresión tan bella y sonriente. Con alegría se vive mejor y más perfectamente” (Así los quiero, p. 115). Por lo tanto, la alegría es una conditio sine que non para el seguidor de Cristo, pero de manera especial, para los misioneros y las misioneras. La alegría es tener el espíritu de ánimo, pues ella se opone a la tristeza y a la melancolía. El beato José Allamano quiere que sus misioneros y misioneras sean alegres: “propongámonos vivir una vida santamente alegre y fervorosa. Una comunidad donde todos tuvieran este propósito seria un anticipo del paraíso. Debilidades siempre habrá, pero estamos aquí para aceptarnos, sostenernos y santificarnos…No quiero que ésta sea la casa de la melancolía, sino de alegría. Los quiero alegres” (Así los quiero, pp. 114-115). 

En conclusión, el beato José Allamano nos recuerda que la Semana Santa se gira alrededor de la vivencia del misterio de la Pasión, Muerte y resurrección de Jesucristo. El misterio de la Pasión y Muerte de Jesucristo nos ayuda a entender la realidad del sufrimiento y las cruces que cargamos en la vida, pero siempre con la mirada fija en el Señor Jesús quien nos inspira a vencer las dificultades de la vida. La resurrección de Cristo nos recuerda que Él si no hubiera resucitado nuestra vida cristiana no tendría ningún sentido. Al respecto nos recuerda José Allamano, que como discípulos y misioneros del Resucitado, debemos experimentar la paz en nuestra vida y en nuestras casas donde vivimos, porque el Resucitado es el prototipo de la paz. Asimismo, debemos ser discípulos y misioneros alegres porque la alegría es fruto de la resurrección de Jesucristo.


jueves, 31 de diciembre de 2020

EL AÑO NUEVO SEGÚN EL BEATO JOSÉ ALLAMANO

 

Una de las cosas que causa alegría en la mayoría de los pueblos del orbe, es la celebración del fin del año y la entrada al año nuevo. Es por eso que en varias culturas y religiones del mundo, se hace la fiesta del fin del año para luego dar la bienvenida al año nuevo. En algunas culturas, se celebra el fin del año con la quema de pólvora, basura, llantas viejas y muñecos, entre otros; todo ello como una manera de despedir el año viejo. Al mismo tiempo, varias personas hacen reflexiones en torno a lo que fue el año pasado y a lo que tal vez traería el año nuevo. Una de las personas que reflexionó mucho acerca del año nuevo es el beato José Allamano, fundador de los misioneros y las misioneras de la Consolata. Para él, el año nuevo significa lo siguiente:

Tiempo de empezar todo con energía: No hay mejor expresión para describir el año nuevo, como decir que es tiempo propicio de trabajar por lo proyectado  y soñado con energía y entusiasmo. Precisamente en el año nuevo, hay que arrancar todo con ardor.  Para el beato José Allamano, hay que empezar el año nuevo con energía “cada momento, sin desanimarnos nunca” (Así los quiero, pg 104).  La energía y el ánimo, son dos elementos importantes para la ejecución de lo proyectado en la misión. No se trata de tener energía y animo por unos momentos, debe ser algo constante. La constancia siempre permite conseguir lo soñado y proyectado.

Tiempo para pensar en el presente: El presente que está en nuestras manos es el año nuevo que apenas iniciamos. Dios mediante, todo lo que se proyecta, todo lo que se piensa mejorar y corregir, serán realizados en este año nuevo. Por eso, el beato José Allamano es muy categórico que en el año nuevo “no debemos pensar en el pasado;  el presente está en nuestras manos” (Así los Quiero, p. 105). El año nuevo nos da la oportunidad de evaluar el recorrido realizado en el año pasado, para que se pueda ofrecer los mejores servicios pastorales-misioneros. Pensar en el presente es aterrizarse a la realidad actual de la misión y proyectar su porvenir. 

Oportunidad para utilizar bien la gracia de cada tiempo: Se entiende la gracia como “el favor, el auxilio gratuito que Dios nos da para responder a su llamada: llegar a ser hijos de Dios” (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 1996). El Señor en cada año nos regala las gracias necesarias para poder responder a las exigencias de su Reino. Al respecto, José Allamano nos ayuda a entender que el “tiempo pasa y no regresa. Si no estamos atentos en responder a la gracia de cada uno de los momentos que componen un año, no podremos volver atrás para recuperarla; como el tiempo, la gracia que no sabemos recibir en su momento, se pierde para siempre” (Así los quiero, p. 105). Es decir, debemos aprovechar cada momento para hacer el bien en pro de la construcción del Reino del Señor.

Tiempo para reparar nuestras debilidades: “En este nuevo año es necesario que nos comportemos como si fuera el ultimo de nuestra vida” (Así los quiero, p. 105). El año nuevo es una oportunidad dorada para mejorar nuestros comportamientos. Es una oportunidad dorada para mejorar nuestra relación con Dios y con el prójimo. Es una oportunidad preciosa para hacer el examen preventivo con el fin de reparar las debilidades pasadas que tal vez, no nos hicieron brillar bien en nuestro ser de consagrados y nuestra tarea evangelizadora. Es una oportunidad dorada para reflexionar sobre la razón de ser de nuestra misión en la Iglesia. En fin, el año nuevo es una ocasión propicia para hacer bien las cosas en pro de la evangelización de los pueblos y la construcción del Reino del Señor en los lugares que Él nos ha confiado.

Conclusión

Al iniciar el año 2021, el beato José Allamano nos recuerda que “es importante apuntar bien la mira. Tratemos de pasar este nuevo año lo mejor posible; si habrá debilidades, tratemos de repararlas enseguida, que no haya ningún día inútil. ¡Que el nuevo año sea un año con tantas bendiciones para nuestros institutos, para las misiones, para los misioneros y las misioneras” (Así los quiero, p. 106). Que Nuestra Señora La Consolata y el beato José Allamano intercedan por nosotros, para poder navegar exitosamente en este año nuevo que apenas iniciamos.

 

martes, 15 de diciembre de 2020

TERCER ANIVERSARIO DE LA PARROQUIA SAN MARTÍN DE PORRES


En la Iglesia Católica, la parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio (canon 515 § 1). El 14 de diciembre de 2017, memoria de san Juan de la Cruz,  es inolvidable para muchos fieles, pues fue erigida canónicamente la parroquia san Martín de Porres por monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, obispo de Buenaventura. Desde ese entonces, ya han transcurrido tres años de la existencia de dicha parroquia y del anuncio gozoso de Jesucristo y su mensaje de salvación en los barrios que la conforman. La parroquia de san Martín de Porres está conformada por 5 barrios: Doña Ceci, Urbanización san Buenaventura, Gamboa, Ciudadela Nueva Buenaventura, La Carmelita y Margarita Hurtado. Así que el 14 de diciembre de cada año, se celebra el aniversario de la fundación de la parroquia san Martín de Porres.

La presencia de los misioneros de la Consolata en la parroquia.

La parroquia de san Martín de Porres empezó con los misioneros de la Consolata. Cuando éstos llegaron a la Diócesis de Buenaventura a mediados de octubre de 2016, san Martín de Porres era una capilla. Desde esa capilla, los misioneros de la Consolata empezaron a realizar la misión Ad Gentes y la pastoral afrocolombiana en la Diócesis de Buenaventura. Asimismo, el padre Lawrence Ssimbwa IMC y el entonces diacono Leovilgildo Carlos Ussene IMC-ahora sacerdote-prepararon el proceso de la parroquializacion de la capilla que se dio el 14 de diciembre de 2017.

Esa misma fecha de la inauguración, los misioneros de la Consolata asumieron oficialmente la parroquia de san Martín de Porres al ser posesionado como primer párroco el padre Lawrence Ssimbwa IMC. Estuvieron presentes en la ceremonia varios misioneros de la Consolata bajo la cabeza del superior Regional en Colombia-Ecuador, el padre Armando Olaya. Desde ese entonces la parroquia ha venido creciendo en la evangelización y la promoción humana.

El crecimiento de la parroquia desde su fundación

Desde su fundación hace tres (3) años, la parroquia san Martín de Porres ha registrado mucho crecimiento. En ella se nota el crecimiento numérico en la participación de la santa Eucaristía, se registra el crecimiento en los sacramentos de Bautismo, Primera Comunión, Confirmación y Matrimonio. Sin embargo, es importante resaltar los siguientes aspectos en cuanto al crecimiento de la parroquia san Martín de Porres:

 La evangelización

La parroquia de san Martín de Porres ha crecido enormemente en el anuncio del Evangelio. En todos los barrios que la conforman, se ha logrado extender los programas de evangelización. A través del Sistema Integral de la Nueva Evangelización (SINE), que es la columna vertebral de evangelización  de la Diócesis de Buenaventura, se ha logrado crear los semilleros a través de los cuales se forman las pequeñas comunidades o comunidades de base en distintos barrios. Asimismo, fruto de la evangelización, se formó la Legión de Maria, la cual es el primer grupo apostólico en la parroquia. Tiene como fin la promoción de la espiritualidad mariana en los fieles. Fruto de la evangelización en la parroquia, cada fin del mes se realizan los bautismos, Primeras comuniones, Confirmaciones y Matrimonio. Para poder anunciar constantemente el evangelio, cada lunes se celebra en sectores de cada barrio. Eso ha creado mucha sensibilidad sobre la importancia de la santa eucaristía en los fieles. La celebración en los sectores aumentó la participación en la eucaristía dominical y en la adoración al Santísimo los días jueves.

La inculturación del evangelio ha sido muy fundamental en el proceso de evangelización de la parroquia, pues la mayoría de la población es afrocolombiana. Eso ha permitido el dialogo constante entre la fe y la cultura. La fe y la cultura es un binomio siempre inseparable. La una obviamente necesita la otra. 

Los frutos de la evangelización en la parroquia se manifiestan en el crecimiento de las pequeñas comunidades. Ahora la parroquia cuenta con 9 pequeñas comunidades. Asimismo, la parroquia cuenta con los semilleros desde donde se anuncia el Kerigma tanto en la sede parroquial como en distintos barrios.  La evangelización ha hecho también que creciera bastante el grupo juvenil. A través de la pastoral juvenil, varios jóvenes han sido formados humana y espiritualmente. Han sido formados también en liderazgo juvenil y otras formaciones que le ayudan en su crecimiento integral.

El proceso evangelizador de la parroquia se evidencia en la presencia de los ministerios para el servicio a la iglesia. En la parroquia san Martín de Porres hay estos ministerios: evangelización, liturgia, catequesis, comunidades, salud, inculturación o pastoral afro. Asimismo, la parroquia cuenta con la Legión de María para resaltar la espiritualidad mariana en los fieles.

La promoción humana:

La parroquia no solo ha promovido la evangelización en los barrios que la conforman, sino también ha protagonizado varios proyectos de promoción humana. La parroquia formó a varias mujeres en programas de pedicure y manicure. Fruto de eso, algunas de ellas se sostienen económicamente y sostienen a sus familias. De la misma manera, formó a muchos jóvenes en la peluquería con el fin de sostenerse económicamente. Por la pandemia de coronavirus, muchos  fieles fueron afectados enormemente.  Para ello, con la ayuda de personas de buena voluntad la parroquia pudo organizar un comedor que abastece alimentos cada 15 días a las personas  más necesitadas.

Conclusión:

El Señor ha mostrado su bondad y misericordia a su pueblo en estos tres años de la existencia de la parroquia san Martín de Porres. Muchos han crecido humana y espiritualmente gracias al proceso evangelizador que se realiza en la parroquia. Con la ayuda de Dios, la parroquia se apostará siempre por la evangelización y promoción humana de sus fieles.

lunes, 7 de diciembre de 2020

LA ESPIRITUALIDAD DE ADVIENTO

Después de la Solemnidad de Cristo Rey del universo que cierra siempre el año litúrgico y marca el inicio del nuevo, la Iglesia empieza a preparar a los fieles para entrar en el tiempo de Adviento. El Adviento es un tiempo de espera para la venida del Mesías en la vida de los creyentes. Evoca el tiempo antiguo de espera de la venida del Salvador que duró alrededor de cuatro mil años. Por eso, son cuatro semanas de este tiempo litúrgico a través de las cuales la Iglesia prepara a los fieles para la fiesta de la Natividad de Jesucristo. Ahora bien, es importante hacernos estas preguntas: ¿de que se trata el tiempo de Adviento? ¿Cuál es su espiritualidad? Se puede entender el Adviento y su espiritualidad de la siguiente manera que se describe a continuación:  

Tiempo de preparación: El Adviento es tiempo por medio del cual la Iglesia prepara a los fieles para la celebración de la fiesta de Navidad. La Iglesia prepara a los creyentes a través de 4 semanas que anteceden a la Navidad con el fin de recibir a Cristo y celebrar con Él su presencia entre nosotros. En la primera semana de adviento, predomina siempre el mensaje de vigilancia para que los fieles no se descuiden espiritualmente. La segunda semana se resalta el mensaje de conversión, pues los fieles están llamados a una conversión en todos los aspectos de su vida. En la tercera semana prevalece el testimonio de la santísima virgen Maria, la mujer escogida por Dios para ser la madre del Salvador. En la cuarta semana predomina el anuncio del nacimiento del Mesías hecho a la santísima Virgen Maria y a san José. Todo ello, ayuda a los fieles a prepararse adecuadamente para que el nacimiento de Cristo se haga realidad en su propia vida, en las familias y en todas las estructuras de la vida humana. 

Tiempo de conversión: El Adviento es tiempo de conversión. La conversión tiene que ver con la transformación interior de cada persona. No hay una conversión verdadera si no se da en lo interior de la persona. La celebración de la Navidad no puede quedarse en simplemente una celebración meramente exterior, no puede reducirse solo a las celebraciones meramente mundanas, tampoco puede reducirse a un asunto comercial y turístico; debe celebrarse desde la acogida personal de Cristo quien nace para transformar plenamente al ser humano. Por lo tanto, la conversión es fruto de la necesidad de estar cerca a Dios y esa es la razón principal de dejar todo aquello que obstaculiza la conversión de la persona que se da por medio del encuentro con Jesucristo.  Por ello, el Adviento es tiempo para la conversión de la persona que es el enfoque principal del proyecto de la salvación de Dios.

Tiempo para la evangelización: La evangelización es la tarea maestra de la Iglesia, pues ella existe para evangelizar. Para ello, el Adviento es el tiempo propicio para la proclamación del evangelio. La evangelización es el anuncio de Jesucristo y su mensaje. No hay tiempo mejor para proclamar a Jesucristo, el Salvador del mundo, como en este tiempo de Adviento. En Adviento se enfatiza las dos venidas de Jesucristo, esto es, la venida histórica de Jesucristo y su venida escatológica. Asimismo, se da a conocer la Promesa de Dios que los profetas venían anunciando cuyo cumplimiento se dio por medio de Jesucristo nacido de la virgen Maria. Se evangeliza tambien a través de la novena de Navidad que tiene mucha acogida entre los niños y adultos, los conciertos de cantos navideños, entre otros. En fin, el adviento es un  momento importante para la evangelización.

LA VIVENCIA DE ADVIENTO

En lo cultural: El tiempo de Adviento está muy ligado a la celebración de la Navidad y por eso, se vive también de forma cultural, pues es un tiempo diferente de otros tiempos del año. En muchos pueblos del mundo, se experimentan cambios drásticos en la forma de vivir cuando llega el tiempo de Adviento. Durante este tiempo litúrgico muchos pueblos están coloridos de alumbrados, se arman pesebres en las casas y los lugares públicos, los canales de televisiones están llenos de avisos alusivos a la Navidad, fluye bastante el comercio, entre otros. En este tiempo de Adviento, muchas personas buscan la reconciliación consigo mismas, con Dios y con sus semejantes, las familias forjan la unidad entre sí y se reconcilian las que estaban divididas; pues todo tiene la inspiración desde Cristo quien con su Encarnación hizo todo nuevo y diferente.

En lo litúrgico: con el Adviento se inicia el año nuevo litúrgico. Se manifiesta este tiempo litúrgico con el color morado. El color litúrgico morado utilizado durante el Adviento y la Cuaresma simboliza la penitencia, la vigilia, la preparación y el sacrificio. Se coloca cerca el altar la corona de Adviento con cuatro velas: tres moradas y una rosada. Las moradas simbolizan la vigilancia y la preparación que los cristianos deben tener para la llegada del Mesías, y la rosada que se enciende en la cuarta semana de adviento, simboliza el gozo de los cristianos al acercarse a la fiesta del nacimiento de Jesucristo, único Salvador del mundo.  Asimismo, en el Adviento no se canta el himno de Gloria, pues es entonado durante la noche Buena para dar gloria a Dios por el Nacimiento del Salvador. En la celebración de la Eucaristía, se utilizan cantos que dan mensajes alusivos a la llegada de Mesías tal como lo anunciaron los profetas. Así que, la liturgia es el espacio privilegiado para la vivencia de Adviento y ésta ayuda a que el cristiano católico pueda preparase adecuadamente para la celebración de la Natividad de Jesucristo.

En lo espiritual: el tiempo de Adviento se vive espiritualmente. La mayor preparación que se vive en Adviento se da en la parte espiritual de los fieles. En este tiempo litúrgico, la Iglesia anima el crecimiento espiritual de los fieles. Para ello,  el adviento es tiempo para la revisión de la vida de cada persona para que sea morada digna de Cristo que nace para estar con nosotros. El Adviento es tiempo para la transformación interior de cada persona. Para ello, la iglesia exhorta a los fieles acudir con frecuencia al Sacramento de Penitencia con el fin de prepararse mejor espiritualmente para el nacimiento de Cristo en su vida.  Se vive lo espiritual en Adviento a través de los retiros espirituales para todas las generaciones: niños, adolescentes, jóvenes, familias, parejas, entre otros. Se puede colegir que, no se puede vivir mejor el tiempo de Adviento y la Navidad sin la preparación espiritual de los fieles, pues la iglesia hace todo lo posible para que ellos sean preparados espiritualmente.

Conclusión

El tiempo de Adviento es muy valioso para el cristiano. Permite que haya conciencia de espera, vigilancia y preparación de parte de los fieles para la llegada del Salvador del mundo. Este tiempo nos ayuda a conocer la historia de nuestra salvación a través de los profetas que anunciaron la llegada del Mesías. Así que, si el cristiano no se prepara espiritualmente durante el Adviento, puede ser que tampoco la celebración de la Natividad de Cristo le tenga mucho sentido.