El lema del Jubileo es “Peregrinos de
esperanza”, pues es para todo el mundo que sufre el flagelo de las guerras, los
efectos persistentes de la pandemia de Covid19 y la crisis del cambio
climático. Así que, el año jubilar tiene que ver con apreciar la misericordia
de Dios y recibir la gracia del perdón de los pecados.
La
esperanza en san José Allamano.
San Pablo en
Romanos 5:5 dice que " la esperanza no avergüenza, porque el amor de Dios ha sido derramado en
nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado".
Eso significa que Dios ha dado una esperanza que surge en medio de la
desilusión. Esta esperanza no se encuentra en evitar el sufrimiento, sino
en superarlo. La
esperanza que Dios nos da nunca defrauda porque no se basa en la incertidumbre
de los acontecimientos ni en la debilidad humana, sino que está garantizada por
la acción de Dios.
San José Allamano en incontables ocasiones
recalcó a los misioneros de la Consolata sobre la importancia de tener la
virtud de esperanza. Para él, la esperanza significa lo siguiente:
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Abrir el
corazon a la esperanza viva: Dice san José Allamano que “abramos el corazon a una
esperanza viva. No debemos solo esperar, sino súper esperar, esperar contra
toda esperanza. Cuando se espera poco, le estamos fallando al Señor, el que quiere que todos los hombres se salven.
¡Al Señor le gusta mucho que creamos en su bondad, en su misericordia! or lo
tanto, ¡tengamos mucha esperanza, mucha! ¡En Ti, Señor, he esperado, jamás seré
defraudado! (Así los quiero, p. 138). Es decir, cada misionero de la Consolata
debe posee una esperanza. Un misionero lleno de esperanza es siempre capaz de
consolar a los demás.
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Tener una
mirada puesta en el paraíso: La esperanza no esta solo asociada con lo terrenal sino
también con la vida que vivirá el creyente en el paraíso. Dice san José
Allamano al respecto: “Cuando piensen el paraíso, no piensen en forma
abstracta, sino en el paraíso del misionero y de la misionera que son fieles a
su vocación. El Señor dijo: “Yo voy a prepararles un lugar” (Jn 14, 2). Pero
para esto es necesario trabajar, y trabajar mucho. Me parece que este
pensamiento del paraíso debería consolarnos. Nuestro premio está allí, ¡y es
muy grande! Pensemos con frecuencia en él” (Así los quiero, p. 139). San José
Allamano nos recuerda que el cielo debe ser el proyecto de cada discípulo
misionero de Jesucristo. Es el premio que cada creyente espera al terminar la
carrera terrenal. Por eso es importante tener la mirada esperanzadora en el
paraíso.
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Poseer la gran
reserva de confianza: No puede haber esperanza sin la confianza, pues la una
es inseparable de la otra. Dice san José Allamano: “Hay que tener una gran
reserva de confianza para poder infundirla en los demás. Sin confianza no se
puede hacer nada. Desconfiando le fallamos a Dios. José Cafasso decía que la falta
de confianza es el pecado de los dementes. (…) Confianza, confianza. ¡Este es
el espíritu que quiero en ustedes¡ (Asi los quiero, p. 141). Indudablemente la
confianza es la esperanza firme que se tiene en alguien, o la seguridad que se
tiene en uno mismo. La confianza empieza con Dios y se extiende a las personas.
La confianza es un valor fundamental para construir relaciones solidas y
exitosas. La confianza es la base fundamental de la esperanza, y quien confía
siempre tiene esperanza.
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Poner todo en manos
de Dios: Definitivamente la esperanza es poner todo en las manos
de Dios. Aclara san Jose Allamano: “La confianza es una confianza en la Divina
Providencia, que nos acompaña en cada momento de nuestra vida. Confiemos en
Dios y pongamos todo en sus manos. (…) No pongamos nuestra confianza en los
medios humanos que poseemos: talento, fuerzas, virtudes, etc., o en los de los
demás. Hagamos siempre lo que podamos de nuestra parte, después dejemos todo en
las manos del Señor, sin temor. Él no deja nunca su obra por la mitad” (Así los
quiero, p. 142). Dios es la fuente de consolación y esperanza. La esperanza
verdadera se enraíza en Dios. No hay una
verdadera esperanza fuera de Dios. Todos los santos y beatos fueron testigos de
la esperanza en Dios, pues siempre ponían absolutamente todo en las manos de
Dios: sus alegrías, anhelos, fatigas, proyectos de vida, etc. Así que, fuera de
Dios no existe la verdadera esperanza.
Los misioneros
de la Consolata, agentes de consolación y esperanza.
El ser de los misioneros de la Consolata es consolar y
dar esperanza a las personas en los lugares donde se encuentran. Los misioneros
de la Consolata, a ejemplo de su Fundador san Jose Allamano, son dispensadores
de la consolación y esperanza. La misión es el lugar donde consuelan a las
personas especialmente a los necesitados y vulnerables. Ellos suelen consolar a las personas en los lugares remotos donde
tal vez otros no se atreven ir.
Por eso, los misioneros de la Consolata por su carisma Adgentes,
se vuelve naturalmente agentes de esperanza para los desesperanzados. De hecho,
a lo largo de todos los años de la existencia del Instituto de la Consolata
para Misiones, incontables misioneros han dado la esperanza a diversos pueblos.
Pensemos en las escuelas hechas por los misioneros. Pensemos en la dignidad
humana defendida por los misioneros. Pensemos en las campañas por la paz y
reconciliación que los misioneros han hecho a favor de los vulnerables e
indefensos. Pensemos en los misioneros que han arriesgado su vida para poder
dar esperanza a pueblos desesperanzados. Su entrega a la causa del Reino de
Dios ha hecho felices a muchas personas en las misiones confiadas a ellos.
Por eso, los misioneros de la Consolata son consagrados para dar
esperanza y consolación. Eso ha sido su compromiso misionero de siempre. San
José Allamano es su inspirador en el compromiso de ser dispensadores de
consolación y esperanza para los pueblos y comunidades que acompañan. El carisma Ad gentes que les caracteriza es el medio por
el cual consuelan y dan esperanza a los pueblos indígenas, amazónicos, afros,
periferias urbanas, y otras opciones pastorales que acompañan.
Así que, es parte del ADN de los misioneros de la Consolata
ser dispensadores de consolación y
esperanza, especialmente a los pobres y vulnerables de la sociedad. Que en este
año del Jubileo de esperanza, seamos siempre misioneros de consolación y
esperanza para los pueblos que el Señor nos ha confiado.